Bipolaris sorokiniana

15.05.2025 | 08:31 (UTC -3)
Foto: Flavio Santana
Foto: Flavio Santana

Bipolaris sorokiniana (Sacc.) El hongo zapatero es un hongo fitopatógeno de gran relevancia para la agricultura brasileña y mundial, responsable de causar enfermedades de importancia económica en cereales de invierno, principalmente trigo y cebada.

Este patógeno destaca por su capacidad de infectar diferentes órganos de la planta, causando múltiples enfermedades como helmintosporiosis (mancha marrón), pudrición radicular común y punta negra de los granos.

Taxonomía y características morfológicas

Desde un punto de vista taxonómico, B. sorokiniana Pertenece al Reino Fungi, Filo Ascomycota, Clase Dothideomycetes, Orden Pleosporales y Familia Pleosporaceae.

Este hongo ha sido conocido por varios nombres científicos, entre ellos: Helminthosporium sativum, Helminthosporium sorokinianum e Drechslera sorokiniana, lo que refleja las revisiones taxonómicas que se han producido a lo largo del tiempo. Su fase sexual, aunque rara vez se observa en la naturaleza, se llama Cochliobolus sativus.

Morfológicamente, el patógeno se caracteriza por la producción de conidios fusiformes a elipsoides, de color marrón oscuro, con 3-10 septos transversales, que miden aproximadamente 60-120 μm × 15-28 μm.

Su micelio es septado y dematiáceo (oscuro), produciendo conidióforos erectos que emergen a través de los estomas o directamente del tejido vegetal colonizado.

Una característica distintiva del género bipolaris Es la germinación bipolar de los conidios, con emisión de tubos germinativos desde los extremos de la espora.

Etiología y mecanismos patogénicos

La patogenicidad de B. sorokiniana Se asocia a varios mecanismos de virulencia que facilitan su infección, colonización y reproducción en los tejidos del huésped.

El proceso infeccioso comienza con la germinación de los conidios en condiciones favorables de humedad (>80%) y temperatura (18-28°C). La penetración puede ocurrir directamente a través de la cutícula, utilizando presión mecánica y enzimas líticas, o indirectamente a través de aberturas y heridas naturales.

Entre los principales factores de virulencia destacan la producción de enzimas degradadoras de la pared celular (celulasas, pectinasas y proteasas), fitotoxinas específicas (prehelmintosporol, helmintosporol y sorokinianina) y melanina.

Las toxinas producidas inducen necrosis tisular, interfieren con la fotosíntesis y alteran la permeabilidad de las membranas celulares del huésped. La melanina, a su vez, proporciona protección a las estructuras fúngicas contra las condiciones ambientales adversas y los mecanismos de defensa de las plantas.

El patógeno también tiene mecanismos para suprimir las defensas del huésped, produciendo compuestos que inhiben o retrasan las respuestas de defensa, alterando el metabolismo celular e interfiriendo con la producción de compuestos fenólicos y fitoalexinas. Esta sofisticada capacidad para manipular los mecanismos de defensa del huésped contribuye significativamente al éxito del proceso infeccioso.

Ciclo de vida y dispersión

El ciclo de vida de B. sorokiniana es complejo y está adaptado para asegurar su supervivencia en diferentes condiciones ambientales.

El patógeno sobrevive principalmente como micelio y conidios latentes en los restos de cultivos, donde puede permanecer viable durante 1 a 3 años. También puede sobrevivir en semillas infectadas, en suelo asociado con materia orgánica y en plantas voluntarias o huéspedes alternativos como pastos silvestres.

La dispersión de B. sorokiniana Se produce a través de varios mecanismos. Las semillas infectadas son el principal medio de introducción del patógeno en nuevas zonas, permitiendo su transporte a largas distancias. Los conidios pueden dispersarse por el viento (dispersión aérea), por salpicaduras de agua (lluvia o riego) y por escorrentía superficial. Los implementos agrícolas contaminados también contribuyen a la propagación del patógeno entre diferentes áreas de cultivo.

Los factores ambientales y las prácticas agrícolas influyen significativamente en la propagación y el establecimiento de este patógeno.

Los periodos secos con vientos favorecen la dispersión aérea, mientras que los periodos lluviosos facilitan la dispersión por salpicaduras.

El sistema de labranza cero, predominante en Brasil, puede aumentar el inóculo inicial al mantener los residuos de cultivos infectados en la superficie del suelo, especialmente cuando no está asociado a prácticas adecuadas de rotación de cultivos.

Importancia económica en el contexto brasileño

En el contexto agrícola brasileño, B. sorokiniana Tiene gran importancia económica, principalmente en las regiones Sur y Centro-Oeste, donde se concentra la producción de cereales de invierno. Estados como Paraná, Rio Grande do Sul, Santa Catarina, Mato Grosso do Sul y Goiás son particularmente afectados, ya que poseen condiciones climáticas favorables para el desarrollo del patógeno y cultivan extensivamente especies hospedantes.

Los daños causados ​​por este hongo se manifiestan de diferentes maneras: reducción del área fotosintética debido a lesiones en las hojas; absorción comprometida de agua y nutrientes debido a la pudrición de la raíz; y reducción de la calidad y valor comercial de los granos debido a la aparición de puntas negras.

En situaciones de alta incidencia y severidad, las pérdidas de productividad pueden alcanzar el 30-50%, dependiendo de la susceptibilidad del cultivar y las condiciones ambientales.

Además de los daños directos a la producción, la ocurrencia de B. sorokiniana impone costos adicionales relacionados con medidas de control como aplicaciones de fungicidas y tratamiento de semillas. El patógeno también puede afectar la calidad industrial del producto final, especialmente en el caso de la cebada destinada a la producción de malta, donde los granos con puntas negras son indeseables.

Estrategias de gestión

La gestión eficaz de B. sorokiniana requiere un enfoque integrado, combinando diferentes estrategias para reducir el inóculo inicial, prevenir nuevas infecciones y minimizar el daño a los cultivos. 

Gestión: prácticas culturales

La rotación de cultivos con especies no hospedantes como soja, frijol, canola o girasol durante 2-3 años es esencial para reducir el inóculo presente en el suelo y en los residuos de cultivos. En sistemas de labranza cero, esta práctica se vuelve aún más importante para interrumpir el ciclo de patógenos.

El manejo adecuado de los residuos de cultivo, incluida su incorporación al suelo para acelerar su descomposición en zonas con alta incidencia de la enfermedad, ayuda a reducir la supervivencia del patógeno. Asimismo, eliminar las plantas voluntarias que sirven de puente verde entre cultivos es fundamental para reducir el inóculo.

Elegir la época de siembra adecuada, evitar períodos que coincidan con condiciones climáticas altamente favorables al patógeno y adoptar una fertilización equilibrada también son prácticas importantes en el manejo cultural de la enfermedad.

Gestión: control genético

El uso de cultivares con resistencia genética constituye una de las estrategias más sostenibles para el manejo de B. sorokiniana. En Brasil, instituciones como Embrapa e IAPAR han desarrollado variedades con diferentes niveles de resistencia a enfermedades causadas por este patógeno.

Resistencia genética a B. sorokiniana Generalmente es cuantitativa, confiriendo tolerancia parcial. Aunque la resistencia completa es rara, el uso de cultivares menos susceptibles, asociados a otras prácticas de manejo, contribuye significativamente a reducir el daño causado por la enfermedad.

Gestión: control químico

El tratamiento de semillas con fungicidas como carboxina + tiram, difenoconazol, iprodiona y triadimenol es esencial para reducir la transmisión de semilla a plántula y proteger las plantas en las primeras etapas de desarrollo. Esta práctica es particularmente importante para prevenir la pudrición común de la raíz y el marchitamiento de las plántulas.

La aplicación foliar de fungicidas también juega un papel fundamental en el manejo de la helmintosporiosis. Los productos de los grupos de triazoles, estrobilurinas, carboxamidas y sus mezclas son ampliamente utilizados. El momento de aplicación es crucial y debe realizarse de forma preventiva o en las etapas iniciales de la enfermedad, basándose en un monitoreo constante del cultivo.

Para evitar la selección de poblaciones resistentes, se recomienda alternar grupos químicos y utilizar mezclas preparadas con diferentes modos de acción, siguiendo los principios del manejo integrado de resistencia a fungicidas.

Manejo: control biológico

El uso de agentes de control biológico, como Trichoderma spp., Bacilo spp. Es Pseudomonas spp., ha mostrado resultados prometedores en el manejo de B. sorokiniana. Estos microorganismos antagónicos se pueden aplicar a las semillas o al suelo, ayudando a reducir el inóculo de patógenos y promover el desarrollo de las plantas.

La integración estratégica de prácticas culturales, resistencia genética, control químico y biológico, adaptadas a las condiciones específicas de cada región y sistema de producción, constituye el enfoque más eficaz para el manejo sustentable de B. sorokiniana. El monitoreo regular de los cultivos y el uso de sistemas de pronóstico basados ​​en las condiciones climáticas permiten optimizar las estrategias de control, reduciendo costos e impactos ambientales.

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