El riego adecuado reduce a la mitad las emisiones de gases de efecto invernadero del trigo en la región del Cerrado.

Un estudio de Embrapa Cerrados muestra que regar el trigo después de utilizar el 40% del agua del suelo garantiza una alta productividad con menor impacto climático.

02.12.2025 | 10:09 (UTC -3)
Revista Cultivar, basada en información de Juliana Miura
Foto: Jorge Chagas
Foto: Jorge Chagas

Ajustar el momento del riego del trigo puede reducir las emisiones de gases de efecto invernadero hasta en un 41 % sin afectar la productividad. Así lo revela un estudio de Embrapa Cerrados, realizado entre 2022 y 2024. La investigación identificó que regar cuando el suelo ha perdido el 40 % de su agua disponible ofrece el mejor equilibrio entre rendimiento agrícola e impacto ambiental.

Las pruebas evaluaron cuatro niveles de agotamiento del agua del suelo: 20%, 40%, 60% y 80%. El mejor rendimiento se registró en el nivel del 40%, con una productividad de 6,8 toneladas por hectárea y la menor emisión de óxido nitroso, un gas con un potencial de calentamiento global casi 300 veces mayor que el dióxido de carbono.

En el peor de los casos, el riego tras un agotamiento del 60% del agua generó el mayor volumen de gases (1.185,8 kilogramos de CO₂ equivalente) y la menor productividad, con 5,69 toneladas por hectárea. Las emisiones de gases aumentaron con el estrés hídrico del suelo y su posterior rehumectación, lo que activa los microorganismos productores de N₂O.

Según los investigadores, un control preciso del riego transforma el trigo de regadío en la región del Cerrado en un cultivo más eficiente y sostenible. «Se trata simplemente de respetar los límites del suelo y saber cuándo regar», enfatiza Jorge Antonini, uno de los autores del estudio. La técnica también promueve el uso racional de los recursos hídricos sin comprometer la productividad.

Otro punto destacado fue el comportamiento del metano. En condiciones ideales de riego, el suelo actuó como sumidero, absorbiendo metano de la atmósfera. Esto se debe a las características de los suelos tropicales, como el buen drenaje y la aireación.

El experimento se realizó en un sistema de siembra directa, con sucesión soja-trigo, utilizando los cultivares BRS 4782 RR y BRS 264. Se instalaron sondas de humedad a una profundidad de 70 cm y cámaras estáticas midieron los gases, según el protocolo del IPCC.

Los datos demuestran que es posible producir trigo de alto rendimiento con bajas emisiones de gases. El riego oportuno evitó el exceso de humedad, promovió el uso eficiente del nitrógeno y mantuvo la salud biológica del suelo.

El trigo de regadío en el Cerrado ocupa más de 30 hectáreas. Los resultados indican un camino prometedor para la intensificación sostenible de la agricultura tropical. El equipo planea ahora ampliar los estudios a otros cultivos, como el maíz, la soja y el café.

El riego estratégico representa una herramienta concreta para reducir los impactos de la producción agrícola en el cambio climático.

Puede encontrar más información en doi.org/10.3390/su17177734

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