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Un estudio internacional ha identificado un patrón común en la comunicación animal. Las señales de diferentes especies se repiten a una frecuencia cercana a los 2 hercios. Este valor equivale a dos pulsos por segundo. El resultado sugiere una limitación biológica en el procesamiento de la información por parte del cerebro de los receptores.
Los investigadores analizaron datos de diversas especies. El grupo incluía insectos, anfibios, aves, peces y mamíferos. Las señales evaluadas comprendían luz, sonido y movimiento. A pesar de las diferencias, los patrones temporales convergieron en un rango de entre 0,5 y 4 hercios.
El estudio surgió tras observaciones de campo en Tailandia. Los investigadores registraron luciérnagas y grillos en el mismo entorno. Ambos emitían señales con ritmos cercanos a 2 o 3 pulsos por segundo. El análisis descartó una sincronización directa entre las especies. Los organismos operaban de forma independiente, pero dentro del mismo rango temporal.
La hipótesis central apunta al cerebro del receptor. Las neuronas necesitan tiempo para integrar los estímulos antes de generar señales. Este intervalo es del orden de cientos de milisegundos. El proceso se ve favorecido por estímulos cercanos a los 2 hercios. Los modelos computacionales han confirmado una mayor respuesta neuronal a esta frecuencia.
Los autores señalan una ventaja adaptativa. Las señales en este rango facilitan la detección e interpretación. El ritmo no transmite información directa, sino que actúa como base temporal para la transmisión de contenido adicional. Este patrón puede aumentar la eficiencia en la comunicación entre individuos.
El análisis incluyó bases de datos acústicas y literatura científica. Los resultados mostraron una distribución concentrada dentro del rango identificado. Incluso con variaciones en el tamaño corporal y el hábitat, la frecuencia se mantuvo estable. Se presentaron casos fuera del rango, pero fueron excepciones.
Los investigadores destacan una posible relación con otros fenómenos biológicos. Los ritmos de locomoción humana se aproximan a los 2 hercios. La música popular suele utilizar 120 pulsaciones por minuto. Este valor equivale a la misma frecuencia observada en las señales animales.
El estudio sugiere una base evolutiva común. Los circuitos neuronales presentan propiedades similares en distintas especies. La adaptación favorece las señales compatibles con esta capacidad. La comunicación habría evolucionado para adaptarse a las limitaciones del receptor.
Más información en doi.org/10.1371/journal.pbio.3003735
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