Nueva variedad de café se destaca en el Valle de Jequitinhonha.

MGS Epamig Amarelão combina tolerancia a la sequía, resistencia a enfermedades y calidad de bebida, ganando premios en concursos.

15.12.2025 | 16:19 (UTC -3)
Epami
Foto: Antônio Carlos Baião
Foto: Antônio Carlos Baião

¿Cómo podemos adaptarnos al cambio climático para mantener la producción y la calidad del café, uno de los productos más fuertes de Minas Gerais y Brasil? Una respuesta está en la ciencia. Originario del cruce entre Catuaí Amarelo IAC 30 y Timor Hybrid UFV 445-46, el cultivar MGS Epamig Amarelão se caracteriza por su productividad, tolerancia a la sequía y resistencia a la roya. Fue registrado en noviembre de este año.

Especialmente en la región del Valle de Jequitinhonha, este cultivar ha llamado la atención por su precocidad y la calidad final de la bebida. El café producido por Fazenda Sequoia, en Angelândia, incluso ha sido premiado en la región de Chapada de Minas y ha alcanzado altas puntuaciones en concursos nacionales e internacionales.

"Los concursos son nuestro barómetro, un sello de calidad. La variedad sorprende por la calidad de la bebida, que combina frutosidad, notas florales y acidez. Ya hemos ganado cuatro premios con el café Amarelão", afirma Rodrigo Crimaudo Mendes, gerente de la propiedad, que se centra en la producción sostenible de cafés especiales.

Mejora participativa

La variedad MGS Epamig Amarelão, resultado de más de cuatro décadas de investigación del Programa de Mejoramiento de Café realizado por la Empresa de Investigación Agropecuaria de Minas Gerais (Epamig-MG), en colaboración con Embrapa Café y la Universidad Federal de Viçosa (UFV), se destacó por su productividad durante un período de alto déficit hídrico en el Valle del Jequitinhonha.

El proceso, que se inició en los campos de Epamig y UFV, evolucionó hacia pruebas que evaluaron el desempeño productivo de las plantas, la resistencia a la roya, a la especie de nematodo Meloidogyne exigua y las características de los granos en las unidades de la empresa en São Sebastião do Paraíso, Machado y Patrocínio. 

Tras varias generaciones, se realizó un experimento en la propiedad de Ismair Alves Campos en Capelinha. Alrededor de 2014, se produjo una grave sequía en la región, y los vástagos del cultivar Amarelão resultaron menos afectados por la restricción hídrica y las altas temperaturas, manteniéndose vigorosos y productivos, detalla el investigador de Epamig, Vinícius Teixeira Andrade. 

Este factor animó a otros productores a interesarse en el cultivo. «Cabe mencionar que hicieron un excelente trabajo en la selección de estas plantas, lo cual es un ejemplo de mejoramiento participativo, en el que los caficultores juegan un papel decisivo en la elección de las progenies que se plantarán», evalúa. 

Los cultivares son una tecnología que requiere varios años de desarrollo. El mejoramiento genético consiste en monitorear y reproducir diferentes generaciones del linaje en diferentes condiciones edafoclimáticas, continúa el investigador.

Visité la plantación el primer año, que fue muy seco. Es una plantación de suelo ácido que dio una cosecha maravillosa. La información se difundió por diferentes medios. Incluso planté un poco y quedé muy satisfecho. Es un cultivar que nos ha sorprendido por su productividad, calidad y precocidad, dice el caficultor Sérgio Meirelles Filho, del municipio de Aricanduva. 

En Fazenda Sequoia, la plantación de la variedad MGS Epamig Amarelão comenzó en 2021. “Los productores tienen una necesidad, una ansiedad, y cuando escuchan que algo funciona, también quieren probarlo”, dice Rodrigo Crimaudo, y agrega que la propiedad actualmente cuenta con aproximadamente 17 hectáreas plantadas con este cultivar y planea expandirse a 50 hectáreas.

Nuevas reseñas 

“Aunque tenemos información de que hay más de 5 millones de plantas de este cultivar en el Valle de Jequitinhonha, no tenemos datos concretos en otras regiones”, dice Vinícius Andrade, enfatizando la importancia de la evaluación bajo diferentes condiciones de suelo, clima, altitud, latitud y espaciamiento, así como en sistemas de producción de secano y riego. 

“En entornos donde ya hemos tenido cuatro cosechas, la productividad ha superado los 50 sacos. Ahora, se ampliarán las evaluaciones de rendimiento en campo para dar mayor solidez y precisión a nuestras recomendaciones”, concluye el investigador.

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