Los altos precios del combustible están ejerciendo presión sobre la aviación agrícola, lo que ha provocado una alerta.

Un estudio realizado por Sindag muestra un aumento de hasta el 67% en los precios del Avgas y un impacto directo en los costos de operación en campo.

09.04.2026 | 08:56 (UTC -3)
Castor Becker Junior
Foto: Castor Becker Júnior
Foto: Castor Becker Júnior

La Unión Nacional de Empresas de Aviación Agrícola (Sindag) publicó este jueves por la mañana (9) el informe sobre la inflación de los combustibles en la aviación agrícola, que ofrece una visión detallada de la presión de costos que enfrenta el sector. El informe confirma un escenario de fuerte aumento en el precio de la gasolina de aviación (Avgas, utilizada por aeronaves con motor de pistón), con un incremento del 67,3%. 

Mientras que el queroseno de aviación (QAV, utilizado por los aviones turbohélice de mayor tamaño) aumentó un 51,6%, el etanol, que impulsa alrededor del 20% de las aeronaves agrícolas, y el diésel (utilizado en vehículos de apoyo en tierra) registraron variaciones más moderadas: un 6,9% y un 7,7%, respectivamente.

Según el estudio, estos incrementos se basan en que los costos operativos de las empresas aumentaron entre un 14 % y un 40 %, con un promedio de alrededor del 25 %, dependiendo de la región y la composición de la flota. Ante esta situación, para mantener la viabilidad operativa, las empresas estiman que será necesario aumentar los precios de los servicios en más de un 10 %.

“Cuando sube el coste de aplicación, sube en el terreno. Y esto inevitablemente repercute en el precio de los alimentos, la fibra y la energía”, destaca Cláudio Júnior Oliveira, director de operaciones de Sindag y economista, quien realizó el estudio.

Cobertura

La encuesta abarcó 30 empresas de aviación agrícola, lo que proporcionó una muestra del sector en diferentes regiones del país, con presencia en centros estratégicos de la producción agrícola brasileña. Según Oliveira, este movimiento puede afectar directamente los precios de los alimentos y, por consiguiente, la balanza comercial de Brasil, ya que la aviación agrícola presta servicio a los principales centros de producción del país. 

Según el estudio, para 2025 los 10 principales productos agrícolas brasileños representarán más del 40% de las exportaciones. Esta lista incluye la soja (grano, harina y aceite), el maíz, el azúcar (caña), el café, la celulosa (bosques comerciales) y el algodón. La carne de res y de pollo también dependen de la soja y el maíz para la alimentación animal. Además, el 83% de la producción agrícola se concentra en ocho estados que, casualmente, también albergan el 87% de la flota nacional de aeronaves agrícolas: Mato Grosso, Rio Grande do Sul, Paraná, Goiás, Minas Gerais, São Paulo y Bahía.

Iavag

El estudio también destaca la reciente volatilidad del Índice de Inflación de la Aviación Agrícola (Iavag). Tras un alivio momentáneo en febrero, influenciado por factores como los tipos de cambio y el etanol, la tendencia se revirtió rápidamente, con una previsión de aumento superior al 6,75 % en marzo, impulsado principalmente por los costes energéticos.

Respuesta institucional

Según Sindag, este escenario es el resultado de una combinación de factores internacionales —como la dinámica del petróleo— y factores internos, lo que hace que el sector sea especialmente sensible a las fluctuaciones externas. «El combustible es hoy una variable estratégica. Impacta directamente en el margen, la competitividad y la capacidad operativa de las empresas», afirma Oliveira.

Ante esta situación, la organización está llevando los datos de la investigación al Instituto Pensar Agro (IPA) y, desde allí, al Frente Parlamentario Agropecuario (FPA) y a los Ministerios de Hacienda, Agricultura y Ganadería, así como a la Casa Civil, abogando por medidas de apoyo, incluyendo subsidios, para contener el aumento de los precios de los combustibles.

Mientras tanto, según el director de Sindag, el sector ya está empezando a adaptarse. «Las empresas han estado revisando contratos, ajustando operaciones y buscando una mayor eficiencia para absorber parte de los costes». También hay un creciente interés en alternativas más estables, como el etanol, que mostró menor variación durante el período y ya representa cerca del 20 % de la flota de aviación agrícola.

No obstante, el diagnóstico exige cautela. «Si este escenario persiste, los efectos no se limitarán a la aviación agrícola. Se extenderán a toda la economía», concluye Oliveira.

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