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Las plantas producen metabolitos secundarios que alteran el comportamiento de las plagas de insectos. Estos compuestos interfieren con la alimentación, la oviposición y la selección del huésped. El efecto reduce los daños y las poblaciones de plagas.
Los metabolitos secundarios actúan como aleloquímicos. Los compuestos del grupo de las alomonas generan respuestas negativas en los insectos. Estas acciones incluyen repelencia, inhibición de la oviposición y reducción del consumo de hojas. El resultado limita el establecimiento de la plaga en el cultivo.
Casi 200 000 metabolitos ya descritos pertenecen a cuatro grupos principales: terpenoides, compuestos fenólicos, alcaloides y compuestos de azufre. Esta diversidad química permite múltiples mecanismos de acción. Los terpenoides presentes en los aceites esenciales actúan como repelentes o agentes antialimentarios. Los compuestos fenólicos reducen la ingestión y pueden prevenir la puesta de huevos. Los alcaloides afectan el sistema nervioso de los insectos y también inhiben la alimentación. Los compuestos de azufre liberan sustancias tóxicas tras dañar los tejidos.
Los insectos fitófagos utilizan señales químicas para localizar a sus huéspedes. Los compuestos volátiles guían las búsquedas a larga distancia. Las sustancias de contacto confirman la elección para la alimentación y la oviposición. Los metabolitos de las plantas alteran estas señales. Esta interferencia genera confusión sensorial e impide la colonización.
La acción repelente se produce mediante la emisión de compuestos volátiles que se interpretan como señales negativas. Entre los principales ejemplos se encuentran los monoterpenos como el linalol y el cineol. Estos compuestos impiden que los insectos se posen y se alimenten. Diversos estudios reportan un efecto contra pulgones, moscas blancas y orugas.
La disuasión de la oviposición previene la puesta de huevos. El mecanismo consiste en enmascarar señales atractivas o emitir compuestos con bajo valor nutricional. Los extractos de plantas y los aceites esenciales demuestran una reducción significativa de la oviposición en plagas clave.
La acción antialimentaria reduce o bloquea el consumo de tejido. Compuestos como la azadiractina afectan a los receptores del gusto. El insecto deja de alimentarse inmediatamente. Este efecto provoca una disminución del crecimiento larvario y de la fecundidad.
Los insecticidas botánicos basados en estos metabolitos ofrecen ventajas medioambientales. Su rápida degradación reduce los residuos. La diversidad de sus modos de acción disminuye el riesgo de resistencia. Sin embargo, su baja persistencia limita su eficacia en el campo. Nuevas formulaciones, como las nanoemulsiones y la encapsulación, buscan prolongar su efecto.
Persisten los desafíos. La variabilidad en la composición química dificulta la estandarización. Los costos de producción superan los de los productos sintéticos. Los procesos regulatorios restringen el registro. La adopción depende de la eficacia comprobada en la práctica y la estabilidad de las formulaciones.
Más información en doi.org/10.1016/j.tplants.2026.03.005
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Los costes operativos son el principal factor de financiación, mientras que los productores reducen sus inversiones debido a los altos tipos de interés.