La soja sostenible genera 6 millones de reales en bonificaciones en Mato Grosso.

La certificación internacional de la soja demuestra el estricto cumplimiento de 108 criterios ambientales, sociales y laborales.

05.05.2026 | 14:08 (UTC -3)
Dejane Arnhold

Los agricultores afiliados a la Asociación Club Amigos de la Tierra (CAT Sorriso) recibirán aproximadamente R$6 millones en bonificaciones por la venta de créditos de soja sostenible, correspondientes a la cosecha 2024/2025. Además del incentivo económico, la certificación internacional de la Mesa Redonda sobre Soja Responsable (RTRS) garantiza que la producción cumple con rigurosos criterios ambientales, sociales y económicos.

Para obtener la certificación, los productores deben cumplir 108 requisitos, entre los que se incluyen el respeto a la legislación medioambiental, la preservación de zonas sensibles, condiciones de trabajo adecuadas, relaciones con la comunidad, uso responsable de insumos y trazabilidad completa de la producción.

Cada tonelada de soja certificada genera un crédito, que se comercializa globalmente a través de la plataforma RTRS y es adquirido por empresas interesadas en cadenas de suministro sostenibles. En la cosecha 2024/2025, los asociados de CAT Sorriso produjeron 686 toneladas de soja responsable, cuyos créditos se vendieron a empresas de los Países Bajos y Argentina.

Según Cristina Delicato, coordinadora de CAT Sorriso, la diferencia clave radica en el acceso a mercados más exigentes. “Esta ventaja proviene directamente del mercado. Los productores certificados tienen acceso a compradores que valoran la soja responsable y pagan una prima adicional por la producción certificada”, explica.

Las bonificaciones se convierten en una inversión en la calidad de vida en el campo.

Una parte importante de los recursos obtenidos mediante la certificación se reinvierte en mejoras a las propiedades rurales, especialmente aquellas enfocadas en el bienestar de los trabajadores. Este es el caso de Fazenda São José, en Sorriso, y Fazenda Buriti, en Peixoto de Azevedo.

La agricultora Geisa Carvalho Riedi (en la foto) afirma que la bonificación de la última cosecha ya tiene un propósito definido. "Vamos a invertir en mejoras en el alojamiento, el comedor, nuevos uniformes y adquisiciones que beneficiarán a nuestros empleados", declaró.

Certificada desde 2022, la productora rural valora positivamente el proceso. «La certificación genera confianza, tanto del empleado como del comprador. Para los empleados, representa la certeza de un entorno laboral seguro y conforme a la legislación vigente», subraya. Asimismo, resalta las mejoras en la gestión. «Las certificaciones aumentan nuestro nivel de responsabilidad y dan como resultado una organización más eficiente», afirma.

El número de explotaciones agrícolas certificadas se ha multiplicado casi por seis en 10 años.

En una década, el número de propiedades con certificación RTRS vinculadas a CAT Sorriso aumentó de 9 a 53. Este crecimiento es el resultado del continuo apoyo técnico y los esfuerzos de gestión.

Júlia Ferreira, responsable de certificación de CAT, explica que el trabajo incluye consultoría, organización documental, apoyo en la comercialización de créditos y gestión en la plataforma internacional. «Ayudamos a los productores a demostrar todas las buenas prácticas adoptadas en sus explotaciones, además de cumplir con los demás criterios exigidos», afirma.

El seguimiento es constante. Durante toda la temporada de cosecha, los equipos llevan un registro detallado de todas las actividades. «La rutina de la granja es dinámica y requiere anotar todo lo que se hace, desde el control de plagas, enfermedades y malezas hasta las aplicaciones; el registro es bastante extenso», añade.

La agricultura regenerativa está ganando terreno entre los miembros.

Las 53 explotaciones agrícolas certificadas adoptan prácticas de agricultura regenerativa, destinadas a mejorar la salud del suelo, aumentar la retención de agua, reducir la erosión y utilizar los insumos de manera eficiente.

La presidenta de CAT Sorriso, Márcia Becker Paiva, destaca el compromiso del grupo. "Nuestros miembros demuestran que es posible producir a diferentes escalas, desde pequeña hasta mediana o gran escala, respetando el medio ambiente y la normativa brasileña", afirma.

Además, los productores están avanzando en la agricultura baja en carbono, adoptando prácticas como la siembra directa y los sistemas agroforestales. "Estas prácticas contribuyen directamente a mitigar el cambio climático, ya que los suelos bien gestionados capturan más carbono y hacen que los sistemas de producción sean más resilientes", subraya Cristina Delicato.

La asociación espera ampliar el número de productores participantes. «Queremos crecer aún más, reuniendo a productores que compartan este mismo compromiso con la sostenibilidad», concluyeron.

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