El aumento de los costos del crédito presiona a los productores de soja en Mato Grosso.
Informe de Imea apunta a una mayor participación del sistema financiero y una reducción en el uso de recursos públicos.
La elección de la fecha de siembra define el éxito de la producción de semillas de soja en regiones subtropicales de baja altitud. Investigaciones realizadas durante cuatro temporadas de cultivo en Los Cedrales, departamento de Alto Paraná, Paraguay, indican que la siembra tardía, realizada entre el 15 y el 31 de enero, es la única estrategia capaz de garantizar semillas con alto vigor, viabilidad y longevidad.
El estudio evaluó 15 cultivares de soja con diferentes ciclos de crecimiento (RMG 5.5 a 6.9) durante cuatro años (2019 a 2023). Los investigadores compararon tres épocas de siembra: temprana (septiembre), normal (noviembre) y tardía (enero). La producción se realizó bajo un sistema de siembra directa con manejo técnico estandarizado.
Los resultados indican que la siembra temprana sincroniza la floración y el llenado de grano con el pico de radiación solar. Esto aumenta la productividad del grano hasta en un 62,8 % en comparación con la siembra tardía. Sin embargo, esta ventaja supone un alto riesgo para la calidad de la semilla.
Durante la maduración, los cultivos sembrados al inicio del ciclo se enfrentan a temperaturas superiores a 35 °C y a déficit hídrico. Este estrés térmico e hídrico provoca la formación de semillas verdes con una incidencia hasta un 95 % mayor que en cultivos sembrados posteriormente. El daño afecta directamente el vigor y la longevidad de las semillas.
En las condiciones evaluadas, ningún cultivo sembrado en septiembre o noviembre mantuvo una germinación superior al límite comercial (80%) tras 150 días de almacenamiento. Sin embargo, todas las semillas de siembra tardía superaron el 95% de germinación y vigor después de este período.
En uno de los años evaluados, bajo sequía severa y calor extremo (2021/22), la siembra tardía fue la única que mantuvo la calidad fisiológica y además registró la mayor productividad de grano, superando a los demás tratamientos hasta en un 54,6%.
Los investigadores advierten del inevitable antagonismo entre el rendimiento y la calidad fisiológica en regiones de baja altitud. La producción de semillas requiere que la fase de maduración se produzca en temperaturas suaves, lo cual solo es posible con la siembra tardía. Incluso con un menor volumen de producción, el valor añadido lo compensa: los ingresos por hectárea con semillas tardías superaron en un 60 % los ingresos de los cereales de cultivos más productivos.
El estudio concluye que gestionar la fecha de siembra es crucial. En el caso de los cereales, la siembra temprana ofrece un mayor potencial de rendimiento, pero conlleva un alto riesgo climático. Para la producción de semillas, la siembra tardía es esencial. Esta práctica evita el estrés de maduración y asegura la producción de semillas de gran vigor, fundamental para el éxito de la siguiente cosecha.
El trabajo estuvo a cargo de José Ricardo Bagateli, Ricardo Mari Bagateli, Giovana Carla da Veiga, Ivan Ricardo Carvalho, Willyan Junior Adorian Bandeira y Geri Eduardo Meneghello.
Más información en doi.org/10.3390/seeds4040064
Reciba las últimas noticias sobre agricultura en su correo electrónico