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Las epidemias de enfermedades vegetales causan pérdidas significativas a la agricultura mundial. Los productores recurren al uso intensivo de fungicidas para contener estos brotes. Sin embargo, el control químico produce efectos secundarios apenas visibles, como la selección y propagación de cepas de patógenos resistentes. Investigaciones recientes cuantificaron el coste económico de la resistencia a los fungicidas considerando paisajes agrícolas completos, no solo campos aislados.
El equipo de científicos combinó un modelo matemático epidemiológico con un análisis económico a escala regional. El trabajo muestra que, a medida que los fungicidas pierden eficacia, los productores se enfrentan a una menor rentabilidad económica, incluso si mantienen o aumentan el volumen de aplicaciones.
Contrariamente a lo esperado, la rentabilidad económica de la aplicación de fungicidas en diversas explotaciones agrícolas no sigue una curva de rendimientos decrecientes. El estudio identificó patrones de rendimientos acelerados o desacelerados, con implicaciones para las políticas públicas y las estrategias de gestión.
El análisis propone un concepto denominado coste económico de la evolución de la resistencia. Este representa la diferencia entre la rentabilidad económica ideal en un paisaje sin resistencia y la obtenida cuando la resistencia ya está extendida.
La estimación de este coste depende de cuatro variables principales:
Los investigadores observaron un comportamiento contradictorio: el costo de la resistencia tiende a disminuir a medida que aumentan los precios de los fungicidas. Esto se debe a que los fungicidas caros desalientan el tratamiento extensivo y reducen la presión selectiva sobre los patógenos.
Además, el coste de la resistencia no aumenta continuamente con la capacidad de propagación de la enfermedad. En cambio, el impacto económico de la resistencia es mayor en el caso de patógenos con invasividad intermedia.
Uno de los principales resultados del estudio indica que, en regiones agrícolas compuestas por muchos campos cultivados con el mismo cultivo, las decisiones óptimas a nivel de propiedad pueden resultar perjudiciales a escala regional.
El uso extensivo de fungicidas en campos aislados favorece la selección de cepas resistentes, que se propagan a otras zonas. Por lo tanto, incluso los productores que utilizan poco o ningún fungicida sufren las consecuencias de la resistencia regionalizada.
Este fenómeno se enmarca en la definición de externalidad negativa: el uso de fungicidas en ciertas zonas impone costos indirectos a toda la comunidad agrícola. Estos costos incluyen la pérdida de eficacia del producto, el aumento de las infestaciones, la necesidad de nuevos productos y prácticas más costosas.
Basándose en los modelos utilizados, el estudio identificó tres regímenes principales de respuesta al uso de fungicidas:
El modelo indica que, en ausencia de resistencia, el rendimiento neto de la aplicación de fungicidas aumenta con la superficie tratada. Sin embargo, la introducción de resistencia invierte esta relación en muchos casos.
Con base en esto, los autores sugieren que las políticas agrícolas deberían considerar subsidios, impuestos o incentivos a la rotación de cultivos para frenar la selección de resistencia.
El marco matemático desarrollado considera campos de cultivo homogéneos y la dispersión regional a través de vectores naturales o desplazamientos humanos. Si bien simplificado, el modelo sirve de base para análisis más específicos. Puede ajustarse para considerar la variabilidad de cultivares, los patrones climáticos y los sistemas de manejo diferenciados.
Como ejemplo, los autores citan enfermedades foliares de cereales y legumbres que se propagan ampliamente por esporas, como la mancha blanca de la soja en Mato Grosso o la roya del trigo en el cinturón cerealista de Estados Unidos.
Para contextualizar los datos teóricos, los autores citan una encuesta a 137 agricultores de la región Wheatbelt de Australia. En la campaña agrícola 2019/2020, estos agricultores gastaron un promedio de 42 dólares australianos por hectárea en fungicidas para cebada. En cambio, estaban dispuestos a pagar 18 dólares australianos por hectárea para retrasar o mitigar la resistencia. Esta disposición sugiere una percepción parcial del verdadero coste de la resistencia, que puede ser mucho mayor según las variables implicadas.
A mayor escala, el impacto económico de la resistencia a los pesticidas en Estados Unidos se ha estimado en 2,5 millones de dólares anuales, ajustados por inflación. La resistencia a los herbicidas, como la identificada en Alopecurus myosuroides En el Reino Unido, puede duplicar los costos de gestión de malezas.
Al proporcionar un método robusto para estimar el coste de la resistencia, el estudio facilita la creación de políticas más realistas y basadas en la evidencia. Entre las posibles propuestas se incluyen:
La sostenibilidad del control químico depende de la cooperación entre productores, técnicos y responsables políticos. Las investigaciones demuestran que ignorar el costo de la resistencia compromete la viabilidad económica de todo el sistema de producción a mediano plazo.
Otro hallazgo relevante del estudio se refiere al comportamiento del costo de la resistencia a lo largo del tiempo y las variaciones de precio. Cuando el fungicida es económico, el costo de la resistencia tiende a mantenerse estable, incluso con aumentos de precio.
Sin embargo, hay un punto de inflexión. Con fungicidas de precio medio, la resistencia provoca una fuerte caída en la rentabilidad. Cuando el producto se encarece demasiado, la resistencia deja de afectar la rentabilidad, ya que los agricultores simplemente abandonan la aplicación.
Este patrón sugiere que las medidas preventivas son más eficaces y viables cuando el uso de fungicidas aún es económicamente ventajoso. Una vez que los fungicidas se vuelven ineficaces, las alternativas de control se vuelven más caras y menos predecibles.
Más información en doi.org/10.1371/journal.pstr.0000178
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