La publicación destaca el papel de la tecnología de aplicación de pesticidas para un uso seguro en el campo.

Las directrices técnicas ayudan a aumentar la eficiencia del producto y reducir los riesgos.

02.02.2026 | 17:35 (UTC -3)
Lebna Landgraf

La tecnología empleada para aplicar plaguicidas impacta directamente la eficiencia y seguridad de la producción de alimentos. Por ello, Embrapa Soja (PR) y la Universidad Estatal del Medio Oeste (Unicentro) han desarrollado directrices para mitigar los problemas y dificultades que surgen en las condiciones de campo. Esta información se incluye en la publicación "Tecnología de Aplicación de Plaguicidas", que se lanzará durante la Feria Rural Coopavel.

El control de plagas, enfermedades y malezas comienza con el diagnóstico del problema, la definición del producto más adecuado y la aplicación de plaguicidas. «El uso de plaguicidas requiere equipos en perfecto estado de funcionamiento, una calibración adecuada, información sobre las condiciones meteorológicas y conocimientos técnicos y científicos para garantizar que se alcance el objetivo sin comprometer la seguridad humana ni ambiental», explica Dionísio Gazziero, investigador de Embrapa Soja.

Lanzar

La publicación se lanzará en la Feria Rural Coopavel, que se celebrará del 9 al 13 de febrero en Cascavel (PR), en el Salón Tecnológico de Embrapa. Los autores son: Cleber Maciel, Dionísio Gazziero, Rafael Theisen, Luiz Gustavo Bridi y Fernando Adegas.

En su 38ª edición, el evento reúne este año a más de 600 expositores nacionales e internacionales en una superficie de 720 m², poniendo el foco en la innovación tecnológica y la sostenibilidad.

Gazziero afirma que para que los plaguicidas cumplan su función de forma eficiente y segura, es necesario elegir el producto correcto y respetar los procesos técnicos y ambientales. «Desde que la solución de pulverización sale del pulverizador hasta que llega al objetivo, es necesario seguir las directrices técnicas para evitar pérdidas, contaminación e impactos no deseados», añade.

Según los autores, la aplicación terrestre o aérea de plaguicidas sigue siendo el método más rápido y eficaz de control fitosanitario. Aun así, los expertos advierten que el éxito de estas operaciones depende directamente de la calidad del equipo, el ajuste correcto, la capacitación de los operadores, la elección de las boquillas de pulverización y, sobre todo, el respeto por las condiciones ambientales. «Cuando el proceso no se realiza correctamente, el ingrediente activo puede no alcanzar el objetivo, lo que favorece la deriva, la evaporación y la contaminación de los cultivos vecinos, los recursos hídricos e incluso del propio aplicador», enfatiza el profesor Cleber Maciel de Unicentro.

Según investigadores en este campo, la tecnología de aplicación combina conocimientos científicos y técnicos enfocados en la correcta deposición del producto sobre el objetivo biológico, en la cantidad necesaria, al menor costo posible y con el mínimo impacto ambiental. Esta tecnología considera factores como el tipo de producto utilizado, el objetivo a controlar, el equipo de aplicación y las condiciones climáticas en el momento de la aplicación.

Entre los factores que más influyen en la eficiencia de la aplicación se encuentran las condiciones climáticas, enfatizan los autores. Los vientos superiores al nivel recomendado, la baja humedad del aire y las altas temperaturas aumentan significativamente el riesgo de pérdidas por deriva y evaporación. «Los estudios indican que las mejores condiciones para la aplicación se dan con vientos de entre 3,2 y 6,5 km/h, una humedad relativa mínima del 55 % y temperaturas inferiores a 30 °C», señala Maciel.

Según Gazziero, el tamaño de las gotas también juega un papel fundamental en este proceso. Las gotas muy finas favorecen la cobertura del objetivo, pero son más susceptibles a la deriva. Por otro lado, las gotas más grandes reducen el riesgo de contaminación ambiental y son adecuadas para herbicidas que imitan la auxina (compuestos sintéticos que imitan la hormona vegetal auxina, causando un crecimiento vegetal desordenado y caótico). «Los casos de fitotoxicidad en cultivos sensibles al producto han llevado a los organismos reguladores y fabricantes a recomendar, y en algunos casos exigir, el uso de gotas gruesas o extremadamente gruesas, además de la adopción rigurosa de buenas prácticas agrícolas. La elección correcta de las boquillas de pulverización y la presión de trabajo también se considera estratégica», añade el investigador.

Ajuste y calibración de máquinas

Según los autores de la publicación, otro punto crítico es el ajuste y la calibración de los pulverizadores. Gazziero afirma que las inspecciones de campo muestran que gran parte de los equipos funcionan con algún tipo de problema, lo que compromete tanto la eficacia del control como la seguridad ambiental. «Una calibración correcta garantiza que el volumen de pulverización aplicado se ajuste al planificado, considerando la velocidad, la presión, la distancia entre boquillas y la altura de la barra», evalúa.

Problemas como fugas, filtros obstruidos, boquillas desgastadas y variaciones excesivas de caudal son más comunes de lo que se cree y pueden reducir drásticamente la calidad de la aplicación. «El mantenimiento de los equipos, el respeto por las condiciones ambientales durante la aplicación y la capacitación de operadores y técnicos se identifican como obstáculos importantes en el sector», señala Maciel.

Mezcla en tanque

Cabe destacar que la mezcla de diferentes productos fitosanitarios (herbicidas, fungicidas, insecticidas y fertilizantes foliares) en el mismo tanque es una práctica ampliamente adoptada en Brasil, principalmente para optimizar el tiempo y los costos operativos. A pesar de su funcionalidad, la mezcla en tanque requiere un cuidado riguroso. «Las incompatibilidades físicas y químicas pueden comprometer la eficacia de los productos, causar obstrucción de las boquillas, formar espuma e incluso aumentar la fitotoxicidad en los cultivos. Por lo tanto, es fundamental seguir la información técnica sobre cómo proceder en caso de mezcla», afirma el profesor.

Los autores afirman además que el éxito de la gestión fitosanitaria depende no solo del producto, sino también de su aplicación. «Por lo tanto, seguir criterios técnicos, respetar las condiciones ambientales e invertir en formación son medidas fundamentales para garantizar la productividad en el campo, con seguridad para el aplicador, el consumidor y el medio ambiente», concluye Gazziero.

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