La posibilidad de un fenómeno de El Niño intenso exige planificar la temporada de cosecha 2026/27.

Aprosoja MT aconseja a los productores que anticipen las decisiones de manejo teniendo en cuenta el riesgo de retraso en las lluvias.

30.07.2026 | 16:05 (UTC -3)
Marina Cintra

La posibilidad de que se forme un "Super El Niño" este año ya está generando preocupación en el sector productivo, especialmente en la agricultura de Mato Grosso. Este fenómeno, caracterizado por el calentamiento anormal de las aguas del océano Pacífico, puede provocar cambios significativos en los patrones de lluvia, elevar las temperaturas e influir directamente en el desarrollo de los cultivos en el estado.

Según los datos y las proyecciones presentadas en el informe por el consultor de la Asociación de Productores de Soja y Maíz de Mato Grosso (Aprosoja MT), Clyde Fraisse, el escenario climático exige una mayor atención por parte de los productores rurales, ya que puede afectar a todo, desde la planificación de la siembra de la cosecha 2026/27 hasta la definición de las estrategias de gestión a lo largo de todo el ciclo de producción. 

Según la evaluación del consultor, aunque todavía existen incertidumbres con respecto a la intensidad del fenómeno, el escenario indica una probabilidad de cambios climáticos en el Medio Oeste, lo que requiere una planificación anticipada y estrategias destinadas a reducir los riesgos en la próxima cosecha.

"Los impactos de El Niño en la cosecha 2026/27 dependerán no solo de la intensidad del calentamiento del Océano Pacífico, sino también de la interacción con otros sistemas climáticos, especialmente el Atlántico Tropical y los patrones atmosféricos sobre Sudamérica. Sin embargo, el consenso entre los principales centros meteorológicos internacionales indica que el fenómeno aumenta significativamente la probabilidad de retrasos en el inicio de la temporada de lluvias en el centro de Brasil. Para los productores de Mato Grosso, esto refuerza la necesidad de una estrategia preventiva basada en la reducción de riesgos", afirmó el consultor.

Ante este panorama, Clyde Fraisse subraya que la monitorización constante de los pronósticos meteorológicos y la adopción de prácticas de gestión son fundamentales para reducir el impacto de posibles retrasos en las lluvias y garantizar una mayor estabilidad al sistema de producción.

"Es fundamental monitorear continuamente los pronósticos climáticos a mediano y largo plazo; evitar sembrar después de eventos de lluvia aislados, esperando a que se consolide la temporada de lluvias; mantener una alta cobertura del suelo mediante el sistema de siembra directa y cultivos de cobertura; escalonar la siembra para reducir la exposición al riesgo climático; utilizar cultivares adaptados a diferentes períodos de siembra y revisar el plan del segundo cultivo considerando posibles retrasos en la siembra de soja; intensificar el monitoreo fitosanitario, ya que los cambios en los regímenes de temperatura y humedad pueden alterar la dinámica de enfermedades y plagas", aconsejó Clyde Fraisse.

Este fenómeno puede afectar a todo, desde los cultivos hasta la logística y la comercialización.

El consultor también subraya que los fenómenos climáticos de esta magnitud pueden tener repercusiones en distintas etapas de la producción, afectando desde la siembra hasta la logística y la comercialización de los granos. Por lo tanto, el uso de información técnica y estudios climáticos se convierte en una herramienta fundamental para orientar las decisiones en la explotación agrícola.

Para Mato Grosso, estos factores representan un alto riesgo, especialmente durante la emergencia de la soja, una fase crucial para la formación de las plantas. La respuesta climática depende de la interacción entre diversos modos de variabilidad climática. La climatología basada en eventos históricos es una de las herramientas más sólidas para estimar los riesgos agrícolas. Estudios realizados por el Centro de Pronóstico del Tiempo y Estudios Climáticos, el Instituto Nacional de Meteorología y la Corporación Brasileña de Investigación Agropecuaria demuestran una alta recurrencia de ciertos patrones regionales. Estos patrones ayudan a orientar las decisiones relacionadas con los calendarios de siembra, la selección de cultivares, el manejo de la cubierta vegetal, el escalonamiento de la siembra y las estrategias de mitigación del riesgo climático, afirmó.

La planificación es esencial para la prevención de pérdidas.

Ante este panorama, los productores rurales ya están evaluando posibles ajustes en la planificación de su próxima cosecha. Anticipar estas decisiones puede ser crucial para minimizar las pérdidas y garantizar una mayor seguridad en la producción. Según Diego Dall Asta, vicepresidente de la Región Este de Aprosoja MT, monitorear de cerca las proyecciones meteorológicas es fundamental para que los productores tomen decisiones más informadas ante la creciente incertidumbre climática y los altos costos de producción.

«Cada productor sigue muy de cerca las proyecciones climáticas, ya que son fundamentales para planificar la próxima cosecha. En un año como este, con precios históricamente altos para los fertilizantes químicos y las semillas, el productor necesita, más que nunca, tomar una decisión firme sobre la siembra. Su adaptación para la próxima cosecha depende en gran medida de estas proyecciones. La tendencia apunta a una siembra más cautelosa, reduciendo, por ejemplo, la superficie sembrada al inicio del año, cuando aún hay poca humedad. El productor no se arriesgará a sembrar con suelo seco, lluvias dispersas o precipitaciones muy tempranas», afirmó.

Según Diego Dall Asta, dadas las proyecciones climáticas, la planificación de la próxima cosecha requiere aún más atención, desde la elección de las variedades hasta la determinación del momento adecuado para comenzar la siembra, buscando reducir los riesgos y preservar el potencial productivo de los cultivos.

"La planificación debe ser integral: sembrar solo cuando haya suficiente humedad para asegurar una buena germinación y un establecimiento seguro del cultivo, considerando un intervalo de dos a tres semanas en el que la planta pueda soportar la falta de lluvia. Además, es fundamental elegir materiales adaptados a los periodos de sequía, que pueden ocurrir entre octubre, noviembre y diciembre. La tendencia apunta a un año con menos humedad, especialmente al inicio de la temporada, y con temperaturas más altas. Por lo tanto, el camino a seguir es adaptarse: elegir variedades con cuidado, evitar sembrar en condiciones de riesgo y trabajar siempre con mayor precaución", aconseja el Vicepresidente de Aprosoja MT para la región Este.

Aprosoja Mato Grosso, junto con expertos, subraya que, ante la posibilidad de cambios climáticos significativos en la próxima cosecha, la planificación anticipada será una de las principales aliadas de los productores rurales.

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