La lechuga puede volverse inviable en el campo en 2100, advierte Embrapa

La investigación proyecta un escenario crítico incluso con un control parcial de las emisiones de gases de efecto invernadero

02.09.2025 | 08:52 (UTC -3)
Revista Cultivar, basada en información de Paula Rodrigues

El cultivo de lechuga al aire libre podría volverse impráctico en Brasil a finales de siglo. Los mapas de riesgo climático elaborados por Embrapa Hortalizas, basados ​​en datos del INPE y modelos del IPCC, indican que prácticamente todo el país enfrentará un riesgo alto o muy alto para la producción de lechuga durante el verano.

La investigación evaluó dos escenarios futuros. En el escenario optimista, las emisiones de gases de efecto invernadero aumentan a un ritmo controlado. En el escenario pesimista, continúan aumentando hasta 2100. En ambos escenarios, las proyecciones indican graves pérdidas en la producción de lechuga, especialmente en verano, cuando las temperaturas pueden superar los 40 °C en gran parte del país. Este nivel es incompatible con el cultivo de la especie, que requiere un clima templado y una humedad equilibrada.

Los datos más preocupantes aparecen en las proyecciones para el período 2071-2100. En el escenario optimista (RCP 4.5), el 97% de Brasil presentará un riesgo alto o muy alto para el cultivo de lechuga a campo abierto. En el escenario pesimista (RCP 8.5), este porcentaje supera el 99%, con la mayor parte del territorio clasificado como de riesgo muy alto.

Modelo climático

La investigación utilizó el modelo climático ETA, validado para Brasil y Latinoamérica, con una resolución de 20 km². Se simularon cuatro intervalos de tiempo: hasta 2040, de 2041 a 2070, de 2071 a 2100 y el período histórico de 1961 a 1990 como base comparativa.

Las temperaturas máximas de verano proyectadas entre 2071 y 2100 oscilan entre 23,4 °C y 41,2 °C en el escenario optimista, y entre 25,4 °C y 45 °C en el escenario pesimista. Las temperaturas superiores a 22 °C ya dificultan la germinación de las semillas de lechuga. La planta tiene poca capacidad de adaptación al calor extremo.

Evaluación

"Estas cifras son alarmantes", afirma el ingeniero agrónomo Fábio Suinaga, de Embrapa Hortalizas. "La lechuga depende de temperaturas suaves para prosperar. Su tolerancia al calor es muy limitada".

La respuesta de la investigación ha sido doble. La primera busca desarrollar cultivares más tolerantes al calor. La segunda se centra en sistemas de producción adaptados al nuevo clima. Estos incluyen la siembra directa de hortalizas, el cultivo orgánico con compostaje y bioinsumos, y el uso de entornos protegidos.

La variedad BRS Mediterrânea, lanzada por Embrapa, ejemplifica el avance genético. Su precocidad, vigoroso sistema radicular y mayor volumen foliar la hacen más resistente al calor. «Pasa menos días en el campo, lo que reduce la exposición a temperaturas extremas», explica Suinaga.

El productor Rodrigo Baldassim, de São José do Rio Pardo, ha adoptado este cultivar como base de su producción. «Representa el 80 % de mi lechuga crujiente. Tolera mejor el calor, produce hojas más comercializables, no sufre quemaduras en los bordes y tarda más en espigar», explica.

Para el investigador de Embrapa, Carlos Eduardo Pacheco, la situación actual exige una adaptación urgente de los sistemas de producción. «Las hortalizas son más sensibles al cambio climático que los principales cultivos como el maíz o la soja. Necesitamos anticipar los impactos y evitar pérdidas».

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