Las flores plantadas temprano ayudan a prevenir pérdidas debidas al calor extremo.
Las investigaciones indican que la floración en las primeras horas del día funciona como una estrategia de escape natural.
La proximidad a bosques y otras áreas naturales no garantiza una mayor presencia de polinizadores en los campos de los pequeños agricultores tropicales. Un metaanálisis recopiló datos de más de 500 fincas en 13 países y concluyó que la distancia a los hábitats naturales no determina la presencia de abejas y otros insectos, ni influye de forma consistente en la transformación de las flores en frutos.
El estudio evaluó 35 proyectos de investigación realizados en Centroamérica, Sudamérica, África Oriental y el Sur y Sudeste Asiático. Los autores analizaron la relación entre el aislamiento de los cultivos y tres indicadores de servicios de polinización: abundancia de polinizadores, riqueza de especies y cuajado de frutos. Los resultados mostraron una gran variación entre las áreas estudiadas. El análisis no registró un patrón claro de disminución de insectos ni de cuajado de frutos con el aumento de la distancia del hábitat natural.
La investigación identificó una ligera tendencia a la reducción de la riqueza de especies en las zonas más distantes. La disminución prevista de la diversidad a 1 km del hábitat natural alcanzó el 31 %. Aun así, los autores destacaron una marcada heterogeneidad entre los estudios y la ausencia de una respuesta uniforme. La abundancia de insectos y la fructificación no mostraron una relación consistente con la distancia.
La investigación atribuyó esta estabilidad de los servicios de polinización a la complejidad ecológica propia de las pequeñas explotaciones agrícolas. Estos sistemas suelen combinar diferentes cultivos, árboles, flores y zonas de sombra en diversas configuraciones. Esta diversidad crea mosaicos de hábitats capaces de albergar polinizadores incluso lejos de bosques u otras formaciones naturales.
El metaanálisis destacó que la mayor parte de la evidencia previa se basaba en sistemas agrícolas industriales. En estas zonas, los monocultivos extensivos y el uso intensivo de insumos reducen la disponibilidad de recursos para los insectos. En cambio, las prácticas tradicionales de minifundio pueden compensar la distancia a los hábitats naturales y mantener los servicios ecológicos.
Según los autores, conservar la complejidad del paisaje rural contribuye a mantener la biodiversidad y mejora la seguridad alimentaria. El estudio abogó por la adopción de elementos de estos diversos sistemas también en los modelos agrícolas convencionales, especialmente en países tropicales que dependen de la polinización para garantizar la producción y los ingresos.
Puede encontrarse más información en doi.org/10.1111/ele.70229
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