Investigación evalúa calidad del agua en zonas rurales del Distrito Federal
Se realizaron recolecciones durante un año en 29 propiedades en ocho zonas rurales que no reciben agua de Caesb
02.10.2025 | 14:50 (UTC -3)
Juliana Caldas
¿Es el agua disponible en las comunidades rurales del Distrito Federal de Brasil de calidad adecuada para el riego y el abastecimiento doméstico? Para responder a esta pregunta, investigadores de Embrapa Cerrados y la Universidad de Brasilia (UnB) desarrollaron el proyecto "Calidad del Agua en el Distrito Federal: Desarrollo y sus Relaciones con el Medio Ambiente Biótico y el Paisaje". Los estudios, que comenzaron en 2023 y concluyeron en agosto de 2025, destacaron las vulnerabilidades sanitarias y educativas, así como la urgente necesidad de políticas públicas que aborden esta problemática.
Se recolectaron muestras a lo largo de un año en 29 propiedades de ocho zonas rurales del Distrito Federal que no reciben agua tratada de la Empresa de Saneamiento Ambiental del Distrito Federal (CAESB). En estas zonas, la población depende de fuentes alternativas como pozos, cisternas o captación directa de agua de los ríos. Se recolectaron muestras en las zonas rurales de Taquara, Santos Dumont, Sítios Agrovale, Rajadinha, Tabatinga, INCRA 8, INCRA 7 y Chapadinha.
Con el apoyo de la Fundación de Apoyo a la Investigación del Distrito Federal (FAP-DF), el proyecto buscó desarrollar herramientas para ayudar a agricultores y administradores a tomar decisiones más seguras sobre el uso del agua. Para ello, los investigadores desarrollaron el índice de calidad del agua de riego y el índice de calidad del suministro de agua rural, investigaron la diversidad de organismos presentes en los sedimentos mediante técnicas modernas de análisis de ADN y crearon mapas que correlacionan la calidad del agua con las características del paisaje.
Además, los investigadores también estudiaron las percepciones de los residentes sobre el agua que utilizan en su vida diaria, lo que les permitió comprender cómo las comunidades perciben y gestionan este recurso esencial. La metodología combinó diferentes enfoques cualitativos y cuantitativos. "Utilizamos el monitoreo ambiental, como análisis de laboratorio e índices de calidad, biotecnología, geotecnologías, estadística multivariante e investigación social para brindar una visión integral de la calidad del agua en las zonas rurales del Distrito Federal", explicó Eduardo Cyrino, investigador de Embrapa Cerrados y líder del proyecto.
Los resultados mostraron la eficacia del Índice de Calidad del Agua de Riego (IQAI), ofreciendo a los productores una evaluación práctica de la calidad del agua disponible en sus propiedades, así como recomendaciones para la protección de las plantas y equipos de riego. El Índice de Calidad del Abastecimiento de Agua Rural (IQAAR) reveló limitaciones significativas: en algunos casos, el agua requiere un tratamiento simplificado; en otros, solo los procesos de tratamiento convencionales la harían apta para el consumo.
Un hallazgo interesante fue el análisis de la biota en los sedimentos, que no mostró una correlación directa con la calidad del agua. Las zonas más contaminadas con materia orgánica, por ejemplo, presentaron una mayor diversidad de especies, un resultado consistente con otros estudios. Factores paisajísticos, como la proximidad de cisternas a zonas agrícolas o fosas sépticas residenciales, tuvieron un impacto negativo, reduciendo la puntuación IQAAR y, en consecuencia, la calidad del agua.
Además de los aspectos ambientales, la encuesta identificó debilidades sociales. Más de un tercio de las familias no trata el agua antes de consumirla; la mayoría nunca ha realizado análisis de laboratorio; y, en muchos casos, la percepción de los residentes sobre la calidad del agua no refleja la realidad. A pesar de ello, hubo gran interés en aprender más sobre el tema, aunque la participación comunitaria en la gestión de los recursos hídricos sigue siendo baja.
Para Cyrino, la experiencia demuestra que los índices de calidad del agua, creados inicialmente para el abastecimiento urbano, pueden adaptarse con éxito a entornos rurales. «El monitoreo sistemático, combinado con la educación y la participación comunitaria, puede ayudar a los productores y a las comunidades a tomar decisiones más seguras sobre el uso del agua, protegiendo así tanto la salud humana como la productividad agrícola», concluye el investigador.
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