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El sabor, tamaño y apariencia de la guayaba producida en Carlópolis (PR), en el Norte Pioneiro, llaman la atención no sólo en otros estados del país, sino también fuera de él. La calidad de la fruta abrió las puertas al mercado internacional, con exportaciones a países de Europa y Medio Oriente.
El municipio se ha ido destacando y ganando reconocimiento por su extensiva producción gracias a un conjunto de factores como las condiciones favorables de clima y suelo, la disponibilidad de buena tecnología de producción y tratamientos poscosecha. En septiembre de este año, Carlópolis fue reconocida como Capital Nacional de Guayaba de Mesa, título otorgado mediante la Ley Federal 14.672/2023. Este es el tercer gran reconocimiento del producto.
La guayaba de mesa también logró la certificación de Buenas Prácticas Agrícolas (BPA), que reconoce la seguridad alimentaria y la sostenibilidad en productos de origen agrícola. Es otorgado por una organización privada que establece estándares voluntarios para la certificación de productos agrícolas en todo el mundo. Actualmente, Carlópolis tiene mil hectáreas de producción de guayaba y, de ellas, 1 hectáreas conforman los 500 productores integrantes de la Cooperativa Capal Agroindustrial, con sede en Arapoti (PR).
Con el crecimiento de productores interesados en el cultivo de guayaba, Capal vio la necesidad de realizar seguimientos técnicos con el objetivo de mantener la calidad del fruto y desarrollar un trabajo aún más eficiente. Con unidad en Carlópolis, la Cooperativa inició hace unos cuatro meses un proyecto para identificar las principales demandas de los productores. A partir del análisis de las necesidades de cada uno de ellos, la Cooperativa comenzará a brindar asistencia técnica a los inmuebles.
“Hasta ese momento aquí en el municipio no había ningún trabajo de asistencia técnica enfocado a la guayaba. Había esta falta. Entonces empezamos a trabajar con visitas mensuales a productores para hablar y presentar nuestro trabajo. Al igual que el café, la asistencia de Capal ayuda a agregar valor a la producción, como manejo nutricional de las plantas, análisis de suelos y fertilización adecuada. Los pequeños detalles marcarán una gran diferencia para el productor”, destacó la ingeniera agrónoma, Mabelle de Almeida Choma.
A diferencia de otros cultivos, la guayaba se puede producir durante todo el año, lo que proporciona beneficios económicos todos los meses al productor. “Los guayabos son escalonados y la poda se realiza por parcelas, por lo que se puede producir entre siete y ocho meses después de la poda. De esta manera, la cosecha se puede realizar durante todo el año y no solo en épocas puntuales”, destacó Mabelle.
Además de la poda, una de las prácticas culturales utilizadas en Carlópolis es el embolsado de los frutos cuando aún son pequeños. La técnica previene el ataque de plagas y enfermedades y, por tanto, elimina la necesidad de aplicar pesticidas.
El gerente de la unidad de Carlópolis, Claudinei Vieira, explica que el proyecto Capal atiende a las necesidades de los cooperativistas que necesitan establecer una cultura rentable y constante. Según él, con el aumento de superficie, es importante que la Cooperativa trabaje con asistencia técnica para generar resultados y buscar soluciones a los problemas cotidianos.
“De esta manera nuestra asistencia cuidará la calidad de la guayaba, cumpliendo con la legislación y evitando el uso de pesticidas agrícolas no recomendados. Capal quiere contribuir de una manera muy interesante y prometedora al tema de la calidad de los productos a través de asociaciones con IDR-PR, universidades y organismos de investigación. Y daremos toda la formación necesaria para que nuestros técnicos puedan realizar un trabajo eficiente”, afirmó el directivo.
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