Una nueva variedad de soja mejora el control de las malas hierbas.
BRS 579 combina un alto rendimiento y la tecnología STS como alternativa al glifosato.
El carbón de la hoja del maíz ha vuelto a cobrar protagonismo en el sureste de Córdoba, Argentina, en las últimas cosechas. La enfermedad, causada por Sporisorium reilianumLa infestación de plagas provocó pérdidas significativas y generó preocupación entre los técnicos. Un estudio realizado por la Red de Control de Plagas de Aapresid indica una alta incidencia en varias parcelas, con reducciones de rendimiento cercanas al 50 % en situaciones críticas.
El impacto se produce planta por planta. Cada individuo infectado pierde producción de grano. En zonas de alta incidencia, el efecto sobre el rendimiento total es directo. Los registros del departamento de Marcos Juárez indican mazorcas de maíz completamente reemplazadas por estructuras carbonáceas, con una incidencia cercana al 48% en algunos casos.
Los técnicos informan de un cambio en el patrón de aparición. Anteriormente, la enfermedad se presentaba esporádicamente. Ahora, en muchas parcelas se observan brotes, incluso con baja incidencia individual. Esta situación incrementa el riesgo regional. La repetición del cultivo de maíz y la reducción del intervalo entre cosechas favorecen el mantenimiento del inóculo en el sistema.
El patógeno sobrevive durante años en el suelo en forma de teliosporas. Esta característica dificulta su erradicación. La infección se produce durante la germinación o la emergencia. El hongo penetra por las raíces y coloniza los tejidos meristemáticos. Los síntomas aparecen posteriormente. El diagnóstico precoz resulta inviable durante el ciclo.
En el campo, los signos incluyen plantas más pequeñas, entrenudos cortos y cambios en el desarrollo. Las mazorcas y los tallos se deforman o desaparecen. En muchos casos, las estructuras reproductivas se convierten en masas negras de esporas. Al cosechar, la ruptura de estas estructuras libera nubes de polvo oscuro que pueden dispersarse dentro de la parcela y a las zonas vecinas.
La cosecha es un momento clave para el diagnóstico. Antes de que la maquinaria ingrese al campo, se recomienda una inspección visual. Durante la operación, la presencia de polvo oscuro indica la liberación de esporas. Después de la cosecha, la limpieza del equipo reduce la propagación del patógeno.
Una vez que la enfermedad se ha propagado, no existe un tratamiento curativo. El manejo se basa en la prevención. La rotación de cultivos reduce la presión del inóculo. Elegir híbridos con mejor desempeño ayuda a limitar las pérdidas. Una nutrición equilibrada contribuye al desarrollo inicial. Ajustar la época de siembra también forma parte de la estrategia, prestando atención a los suelos fríos al comienzo del ciclo.
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Los costes operativos son el principal factor de financiación, mientras que los productores reducen sus inversiones debido a los altos tipos de interés.