Consorcio con Holanda podría impulsar bioinsumos en Brasil
El día 10, Embrapa Meio Ambiente realizará un simposio en Jaguariúna (SP) para discutir la cooperación entre países.
En el riego agrícola, el agua debe considerarse un insumo que requiere gestión mediante el monitoreo del clima, el suelo y las plantas, o mediante una combinación de estos con el desarrollo y control tecnológico. Dado que se trata de un proceso dinámico que involucra al agua en el sistema suelo-planta-atmósfera, es necesario monitorear y ajustar las estrategias de gestión según las variaciones en el entorno de producción agrícola, ya sea que el agua provenga de la lluvia o del riego.
Por ejemplo, entre las diferentes respuestas de los cultivares de caña de azúcar al riego se encuentra la aparición de raíces de 80 cm de profundidad 35 días después del trasplante de plántulas pregerminadas, como ocurrió con la variedad IACSP95-5094. Esta condición proporciona un aumento de la disponibilidad hídrica del suelo y un mejor aprovechamiento no solo del riego, sino también de la lluvia natural. «Estos y otros resultados vinculados a la implementación de diferentes estrategias de gestión hídrica comprenden los beneficios derivados del monitoreo hídrico y los ajustes necesarios», comenta Regina Célia de Matos Pires, investigadora y coordinadora adjunta del Instituto Agronómico (IAC-Apta).
Este nivel de desarrollo radicular indica que la plántula es vigorosa, está bien nutrida y posee una alta capacidad de absorción de agua y nutrientes, lo que favorece el establecimiento en el campo, un mejor aprovechamiento del agua de lluvia y un desarrollo temprano del cultivo. Las plántulas con un sistema radicular bien desarrollado tienen un mayor potencial productivo y contribuyen a la formación de cañaverales más homogéneos y duraderos.
La respuesta al riego depende de varios factores, entre ellos: objetivo, planificación, instalación, operación, prácticas culturales adecuadas, monitoreo, estrategias de manejo, auditoría, evaluación y reajuste de acciones, si es necesario. Esta guía aplica a los sistemas de riego para caña de azúcar y otros cultivos.
"Necesitamos evaluar qué les sucede a las plantas: un ciclo prolongado de temperaturas más bajas las afectará de diversas maneras, tanto positivas como negativas", aconseja el investigador del IAC. Por lo tanto, el monitoreo climático es crucial para la toma de decisiones a lo largo del ciclo y para comprender los resultados.
Otro factor importante es monitorear la disponibilidad de agua en el suelo y la profundidad del sistema radicular de la planta. "Esto es fundamental, especialmente al realizar riego de rescate. Al conocer esta disponibilidad, puedo evaluar el balance hídrico y adoptar estrategias de riego más asertivas, especialmente en el caso del riego de rescate de la caña de azúcar, por ejemplo", añade. Regina Pires participó en un panel durante la Feria Internacional de Riego 2025, celebrada en Campinas en agosto de este año, sobre el uso de esta técnica en el cultivo de caña de azúcar.
El equipo del Instituto Agronómico evaluó variedades desarrolladas por programas de mejoramiento genético de caña de azúcar, como IACCTC07-8008, IACSP01-5503 y CTC02-2904, en condiciones de secano y riego, considerando las temperaturas del aire y de las hojas. El material genético respondió de forma diferente en cada experimento. Esto refuerza la importancia de comprender cómo responden los cultivares de caña de azúcar al estrés hídrico y ambiental.
El científico destaca la importancia de utilizar variedades de caña de azúcar con porte erguido y alta eficiencia hídrica, es decir, capaces de generar mayor productividad por metro cúbico de agua consumida. Se observaron variaciones en la eficiencia en cultivares regados con riego por goteo subterráneo, con resultados que oscilaron entre 15 y 20 kg de tallo por metro cúbico de agua aplicada.
Al simular la demanda de riego con datos climáticos diarios, disponibilidad de agua en el suelo y establecer criterios de gestión del riego, es posible estimar la profundidad y el número de riegos necesarios para cada temporada de siembra y cosecha, con análisis a lo largo de varios años.
Además, este tipo de estudio permite identificar, en los casos en que el sistema de riego no sea capaz de suministrar completamente el agua requerida por las plantas, los períodos específicos en que se presentará deficiencia hídrica, considerando tanto la época del año como las etapas de desarrollo del cultivo.
Con esta información, es posible relacionar momentos de escasez hídrica con potenciales impactos en el desempeño de los cultivos, según el investigador del IAC, de la Dirección de Investigación en Agronegocios (Apta), de la Secretaría de Agricultura y Abastecimiento del Estado de São Paulo.
Según Regina Célia de Matos Pires, el monitoreo puede realizarse no sólo con mediciones clásicas, sino también con tecnologías actuales, como el uso de imágenes obtenidas a través de cámaras, que pueden facilitar mucho la gestión y la toma de decisiones, especialmente en grandes cultivos.
El investigador afirma que, en la verticalización de la producción con riego, existe una diferencia significativa entre el uso técnico del agua y su aplicación artificial en el contexto del uso racional y la promoción de la eficiencia hídrica. En esta transformación tecnológica, el monitoreo es esencial.
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