El fenómeno de El Niño podría impulsar la productividad agrícola en el sur de Brasil.

Un estudio realizado por Santander muestra que este fenómeno meteorológico tiende a favorecer los cultivos de soja y maíz en Paraná, Santa Catarina y Rio Grande do Sul.

09.07.2026 | 15:11 (UTC -3)
Silvia Dias da Costa, editora de la Revista Cultivar

Un estudio de Santander muestra que la formación de El Niño en los próximos meses, con la posibilidad de alcanzar una intensidad fuerte a muy fuerte, debería generar precipitaciones superiores al promedio en el sur del país, favoreciendo la productividad de los cultivos de soja y maíz en la región. El estudio refuerza que este fenómeno no debe interpretarse como un shock necesariamente negativo para la agricultura brasileña, sino como un vector que redistribuye ganancias y riesgos entre las regiones.

Según el análisis, que contrasta los datos de rendimiento agrícola desde 1962 con el Índice Oceánico de El Niño (ION), los episodios de El Niño históricamente aumentan las precipitaciones en el sur de Brasil durante el ciclo estival, un período crítico para el desarrollo de los cultivos. El resultado son rendimientos de soja y maíz consistentemente superiores al promedio en estas regiones. Este patrón se ha observado incluso en los eventos más intensos registrados, como el de 2015/16.

“El mismo fenómeno climático puede beneficiar simultáneamente a los productores del sur de Brasil y ejercer presión sobre el centro del país, donde las condiciones tienden a ser más secas. Lo que El Niño realmente incrementa es la volatilidad, y es precisamente ahí donde una interpretación más precisa del escenario cobra mayor relevancia”, afirma Adriano Valladão, economista de Santander y autor del estudio.

Efectos sobre la inflación

El estudio también evalúa los efectos sobre la inflación de los alimentos en Brasil. La presión más significativa tiende a concentrarse en los productos frescos (frutas, verduras y legumbres), que son más sensibles a las perturbaciones climáticas a corto plazo, mientras que los alimentos procesados ​​y semiprocesados ​​deberían seguir un patrón similar al observado durante los períodos de neutralidad climática. En el escenario del Banco Mundial, la inflación de los alimentos para los hogares alcanzaría su punto máximo en febrero de 2027, aproximadamente 5 puntos porcentuales por encima del nivel de agosto de 2026, lo que equivale a 75 puntos básicos en el IPCA (Índice de Precios al Consumidor de Brasil), con una reversión gradual a lo largo de 2027 y 2028.

Según Santander, el escenario ya incorpora este componente de presión en las proyecciones, lo que reduce la incertidumbre sobre la dirección del fenómeno y centra la atención en su intensidad y duración. «Para los productores del Sur y para quienes siguen la cadena de suministro de grano en la región, es importante considerar que este es un entorno potencialmente favorable en 2026/27, siempre que se monitoree el ritmo y el patrón de las precipitaciones a lo largo del ciclo», concluye Valladão.

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