El Programa IAC-Quepia y la Universidad de Maryland Eastern Shore avanzan en un método de descontaminación de EPP agrícola

La investigadora norteamericana Anugrah Shaw viene al país para completar un estudio desarrollado con su colega brasileño Hamilton Ramos, del Centro de Ingeniería y Automatización, del Instituto Agronómico, ubicado en Jundiaí-SP

30.11.2021 | 15:53 (UTC -3)
Fernanda Campos

El programa IAC-Quepia Calidad de Equipos de Protección Personal en Agricultura recibe esta semana a la investigadora de la Universidad de Maryland Eastern Shore, Estados Unidos, Anugrah Shaw. Se integra al equipo del investigador brasileño Hamilton Ramos, coordinador de “Quepia”, con el objetivo de finalizar estudios y recomendaciones sobre la descontaminación de prendas de protección agrícola o EPI agrícolas. Estos accesorios se utilizan en el trabajo rural, en la aplicación de pesticidas agrícolas.

Fruto de una asociación público-privada liderada por el Centro de Ingeniería y Automatización (CEA), del Instituto Agronómico (IAC), con sede en Jundiaí, São Paulo - entidad de la Secretaría de Agricultura y Abastecimiento del Estado de SP -, el El programa IAC-Quepia opera desde hace más de quince años, enfocado en la seguridad del trabajo rural ante las fumigaciones con pesticidas agrícolas.

“Confirmaremos, en laboratorio, los resultados de un método, desarrollado por nosotros, que analiza la contaminación y descontaminación de los EPI fabricados con algodón y poliéster, ambas materias primas utilizadas, globalmente, para proteger a los trabajadores rurales”, refuerza Hamilton Ramos, general. director del CEA-IAC Jundiaí. Para realizar una parte relevante del estudio, dice, también contará con la participación del investigador Sérgio Monteiro, del Instituto Biológico, especialista en análisis de residuos de agroquímicos.

Según Ramos, la expectativa es que, poco después de la llegada del investigador, el CEA-IAC y la Universidad de Maryland Eastern Shore presenten las conclusiones y recomendaciones del estudio al Consorcio Internacional EPI, entidad integrada por científicos de ocho países agrícolas. “Además del método de análisis, enviaremos los primeros resultados sobre la cantidad media de pesticidas retenidos en la ropa de algodón y poliéster”, explica.

El objetivo final, afirma el investigador, es contribuir a la actualización de los métodos de evaluación de seguridad aplicables a la norma ISO 27065, que divide la ropa agrícola por niveles de protección. Uno de los puntos centrales en discusión, destaca Ramos, es si, una vez fijados en los tejidos en cuestión, los pesticidas pueden llegar a la piel del trabajador rural una vez terminada la vida útil de los EPI.

“Llevamos algunos años investigando si estos EPI suponen un riesgo ambiental después de su fecha de caducidad, así como si pueden desecharse como residuo común o si, una vez caducados, pueden reutilizarse para el trabajo rural cotidiano, excepto para aplicaciones de pesticidas”, ejemplifica Ramos.

Según el investigador, el análisis realizado en colaboración con la Universidad de Maryland también tendrá en cuenta varios estudios complementarios, realizados en los demás países que forman el Consorcio Internacional EPI.

Hamilton Ramos revela ainda que, em quinze anos de atividades, as ações do IAC-Quepia ajudaram a reduzir significativamente as reprovações de qualidade de vestimentas agrícolas protetivas produzidas no Brasil, de 80% do montante analisado pelo programa, em 2010, para menos de 20 % en los días de hoy.

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