Cocari refuerza la gestión integrada para proteger los cultivos de soja.
El técnico destaca la importancia del monitoreo constante y las prácticas preventivas en el control de plagas.
19.11.2025 | 15:13 (UTC -3)
Cocari, edición Revista Cultivar
Las plagas siguen siendo uno de los principales desafíos para el cultivo de soja y requieren estrategias de control cada vez más precisas. Para garantizar la salud del cultivo y preservar su potencial productivo, Rodrigo Rombaldi, supervisor del Departamento Técnico de Cocari (Devet), destaca la importancia del Manejo Integrado de Plagas (MIP), un enfoque que combina diferentes métodos de control y se basa en gran medida en el monitoreo continuo.
Según Rombaldi, el Manejo Integrado de Plagas (MIP) integra prácticas culturales, químicas y biológicas para minimizar la aparición de plagas. "La forma en que medimos la eficacia y las necesidades de estos métodos depende totalmente del monitoreo de plagas", explica. Enfatiza que la observación constante del cultivo permite identificar las especies presentes, comprender su comportamiento y determinar el momento adecuado para intervenir.
Entre las prácticas preventivas, la rotación de cultivos destaca como una medida esencial para evitar las plantas hospedantes de las plagas principales. El tratamiento de semillas con ingredientes activos eficaces también contribuye a reducir los daños en las primeras etapas del desarrollo de la soja. Además, la desecación previa a la siembra con insecticidas puede ayudar a reducir la población ya establecida en el campo antes de la emergencia del cultivo.
Tras la siembra, el monitoreo sigue siendo la base del MIP (Manejo Integrado de Plagas). El uso de la tela de golpeo continúa siendo el método más eficaz para evaluar la presencia y el nivel de infestación, si bien las nuevas trampas electrónicas están demostrando un buen rendimiento. «Cada etapa del cultivo tiene una plaga clave, según las condiciones climáticas», afirma el supervisor.
Rombaldi señala que las orugas del complejo Spodoptera han aumentado en las cosechas recientes, sobre todo durante los periodos de sequía. Al inicio del ciclo, también son comunes plagas secundarias como pulguillas y escarabajos metálicos. Durante la etapa de cierre de surcos, aumenta la incidencia de ácaros y trips, un grupo preocupante debido a la escasez de opciones de control químico disponibles.
Durante la fase reproductiva, el mayor desafío es el complejo de chinches, lo que exige prestar atención a los hábitos de cada especie y utilizar productos con un efecto residual prolongado. El técnico también destaca la importancia del monitoreo de la mosca blanca en el Valle del Ivaí (PR). Si bien aún no causan daños directos, su presencia indica la necesidad de prevenir que los insectos chupadores se conviertan en vectores de enfermedades.
Para Rombaldi, la combinación de vigilancia constante y estrategias integradas es crucial para mantener la salud de los cultivos y asegurar buenos resultados al final de la cosecha. "El cuidado y el monitoreo son esenciales para que podamos actuar de manera eficiente y sostenible, protegiendo el cultivo y garantizando una cosecha exitosa", concluye.
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