Programa de aplicación de protección foliar con fungicidas

Centrarse en proteger el área foliar y comprender cuándo colocar la aplicación en la etapa de la planta y su relación con los patógenos es el camino hacia un manejo eficiente

26.03.2020 | 20:59 (UTC -3)

Enfermedades cada vez más difíciles de controlar, aumento del número de aplicaciones y fluctuaciones en la eficacia de los fungicidas configuran un escenario sombrío, bien conocido por los agricultores brasileños en las últimas cosechas. Para superar este enorme desafío, es necesario considerar todo el sistema agrícola brasileño, así como sus condiciones de suelo y clima favorables para la supervivencia e infección del patógeno. Centrarse en proteger el área foliar y no solo tratar de controlar la enfermedad establecida, a través de un programa de aplicación, que comprenda cuándo posicionar la aplicación en la etapa de la planta y su relación con los patógenos, es el camino hacia un manejo eficiente.

El sistema agrícola brasileño es intensivo y altamente productivo, ubicado en ambientes tropicales y subtropicales, donde las condiciones edafoclimáticas permiten que los requisitos para la supervivencia e infección de patógenos ocurran de manera acelerada. Así, la relación entre el patógeno y el huésped puede establecerse en cualquier etapa del ciclo del cultivo, y cuando esta relación es compatible, se instala el proceso patógeno. Este hecho explica por qué cada vez se realizan más aplicaciones en el ciclo del cultivo para intentar para controlar enfermedades que parecen ser cada vez más incontrolable.

Quizás el hecho principal que explica la fluctuación en la efectividad de los fungicidas radique en la mala comprensión del concepto. Desde hace varios años, y todavía hoy, el controlar de la enfermedad se entiende en el campo como la aplicación de fungicida al síntoma, con la esperanza de que el patógeno sea erradicado y el residuo controlar permanece actuando sobre la hoja de la planta. Sin embargo, este es un proceso biológicamente imposible, dadas las condiciones edáficas y climáticas presentes: presión de inóculo, fungicidas y tecnología de aplicación, que favorecen el establecimiento del patosistema.

Vale recordar que el síntoma es el resultado final del ciclo de la enfermedad que inició su contagio entre 7 y 14 días antes, en etapas invisibles al ojo humano (Figura 1). Al final, la expresión del síntoma identifica la etapa reproductiva del patógeno en la generación de sus descendientes con gran variabilidad genética en el tejido ya dañado.

Figura 1 – Algunas fases del ciclo de relaciones entre patógeno y huésped.
Figura 1 – Algunas fases del ciclo de relaciones entre patógeno y huésped.

Por regla general, ningún fungicida tiene el potencial de controlar los síntomas establecidos en el tejido foliar, es decir, ser erradicador. La mayor eficacia de cualquier fungicida se produce cuando se posiciona sobre el tejido foliar antes de la llegada de la espora, es decir, preventivo o protector, especialmente estrobilurinas y carboxamidas. A medida que la infección comienza a establecerse, la efectividad del fungicida disminuye paulatinamente y con ella el residual (Figura 2).

Figura 2 – Variaciones en la efectividad dependiendo de cuándo se posiciona el fungicida en la patogénesis.
Figura 2 – Variaciones en la efectividad dependiendo de cuándo se posiciona el fungicida en la patogénesis.

Es importante recordar que los tiempos de aplicación Preventiva, Curativa o Erradicante no están directamente relacionados con el estado fisiológico de la planta sino con el estado de patogénesis. De esta manera, se pueden realizar aplicaciones preventivas en la etapa vegetativa de la soja sembrada al inicio de la temporada recomendada, así como aplicaciones curativas o incluso erradicadoras para esta misma etapa en un área sembrada al final de la temporada recomendada o incluso en la temporada baja.

Con base en estos supuestos, es posible decir que es un error atribuir una efectividad “fija” a un fungicida, como si mantuviera su desempeño, independientemente del momento de aplicación. No es difícil observar situaciones de campo donde el mismo producto, aplicado en diferentes momentos, produce eficiencias que pueden tener grandes variaciones en el rendimiento.

Por tanto, el enfoque de una gestión eficiente debe buscar la eficacia de todas las aplicaciones, es decir, la Programa de aplicación y no sólo en el potencial de uno u otro producto a aplicar, peor aún si en las últimas aplicaciones. Con esto, el objetivo pasa a ser la protección de la zona foliar que será la fuente de llenado de los drenajes [granos] y no el intento de controlar de la enfermedad establecida.

El armado del Programa de Solicitud se sustenta en el entendido de que el efecto de las solicitudes no son independientes sino que tienen relaciones directas entre ellas, es decir, la función de la aplicación 1 es entregar la hoja protegida a la aplicación 2, la cual a su vez necesita entregar la hoja protegida a la aplicación 3, y así sucesivamente. De esta forma, es posible mantener la enfermedad en un nivel bajo dentro del Programa, sin que posibles fallas de efectividad entre aplicaciones y la enfermedad aceleren su evolución (Figura 3).

Figura 3 – Programa con cuatro aplicaciones de fungicidas. En (A) inicio muy tardío y rápida reanudación de la infección, requiriendo la 5ª aplicación y en (B) inicio más temprano y progresión más lenta de la enfermedad.
Figura 3 – Programa con cuatro aplicaciones de fungicidas. En (A) inicio muy tardío y rápida reanudación de la infección, requiriendo la 5ª aplicación y en (B) inicio más temprano y progresión más lenta de la enfermedad.

Además, el éxito del Programa de Aplicación en follaje dependerá del papel fundamental del Tratamiento de Semillas (TS), especialmente para enfermedades necrotróficas, cuyo patógeno se localiza en la semilla o en el suelo/paja. Ciertamente, cuando no se tiene en cuenta un TS, habrá dificultades en el control de enfermedades que provocarán manchas en el follaje de la planta, reduciendo la efectividad de todas las aplicaciones.

En la parte aérea de la planta, el inicio efectivo del Programa es la aplicación en el período vegetativo del cultivo por tres razones técnicas específicas relacionadas con: el patógeno, la tecnología de aplicación y la planta. Respecto al primero, el foco siempre está en la aplicación preventiva, buscando proteger el tejido antes de que ingrese el patógeno, ya que la mayoría de las esporas llegan durante el período vegetativo de la planta. Otro punto positivo para el manejo es que el establecimiento y evolución del patosistema en esta etapa son de gran dificultad para el patógeno. Por lo tanto, entrar en esta fase reduce drásticamente la multiplicación del inóculo inicial que provocará la epidemia durante la etapa reproductiva del cultivo (Figura 4).

 

Figura 4 – Inóculo inicial y epidemia de enfermedad en soja.
Figura 4 – Inóculo inicial y epidemia de enfermedad en soja.

La tecnología de aplicación tiene grandes dificultades para llevar las gotas a la parte inferior de la copa del cultivo, especialmente cuando éste alcanza su máximo Índice de Área Foliar (IAF), durante la etapa reproductiva (Figura 5).

Figura 5 – Efectos de la colocación de fungicidas en diferentes etapas de la planta de soja.
Figura 5 – Efectos de la colocación de fungicidas en diferentes etapas de la planta de soja.

Por último, la planta, tocando concretamente la edad de la hoja. Los nuevos tejidos que interceptan la radiación directa tienen características morfológicas y fotosintéticas que favorecen la retención del principio activo colocado sobre ellos, manteniendo un período residual más prolongado. Por otro lado, las hojas más viejas que interceptan menos radiación directa muestran lo contrario (Figura 6).

Figura 6 – Concentración de triazol (negro) y estrobilurina (gris) en diferentes edades de tréboles de soja.
Figura 6 – Concentración de triazol (negro) y estrobilurina (gris) en diferentes edades de tréboles de soja.

Por lo tanto, una falta de comprensión de las relaciones entre aplicaciones en la construcción del Programa puede conducir a pérdidas tempranas de área foliar, resultando directamente en una baja productividad. Es importante recordar que la efectividad que se busca debe ser desde el Programa de Aplicación, entendiendo en qué punto se está posicionando la aplicación en la etapa vegetal y su relación con los patógenos. Por lo tanto, la lectura del entorno es fundamental para la percepción técnica del período residual, que puede variar y requerir una reorientación dentro del Programa para mantener la enfermedad en un nivel bajo.

Corynespora cassicola en soja - punto objetivo.
Corynespora cassicola en soja - punto objetivo.


Marcelo G. Madalosso, Instituto Phytus/URI Santiago; Ricardo Balardín, Universidad Federal de Santa María; Nédio R. Tormen, Universidad Federal de Brasilia; Mônica P. Debortoli, Instituto Phytus


Artículo publicado en el número 201 de Cultivar Grandes Culturas.

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