Cultivares de maíz para ensilaje.

Aunque la técnica del ensilaje del maíz es bien conocida, la definición de qué híbrido se adoptará depende de varios factores para un buen rendimiento.

26.06.2020 | 20:59 (UTC -3)

Si bien la técnica del ensilaje de maíz es bien conocida, la definición de qué híbrido se adoptará en una determinada localidad, el paquete tecnológico de la propiedad, el manejo adecuado del cultivo y un proceso de producción y conservación son importantes para obtener el rendimiento esperado.

El cultivo de maíz es una importante fuente de alimento para la producción de leche, carne y derivados. Ampliamente adaptado a diferentes condiciones climáticas, forma parte de gran parte de los sistemas de producción agrícola. Además de los granos que produce el cereal, su utilización en la elaboración de ensilaje a partir de la parte aérea de la planta, en el momento adecuado, contribuye al aumento de los índices de producción ganadera, especialmente en la ganadería lechera. Los períodos de escasez de alimentos voluminosos provocados por la falta prolongada de precipitaciones y el bajo crecimiento de los pastos nativos son los de mayor demanda para alimentos alternativos en conserva, producidos en otras épocas.

Aunque existen varias especies de plantas agrícolas forrajeras anuales o perennes que se pueden utilizar para la producción de forraje, el maíz es el cultivo más utilizado. Características como rendimiento de materia verde, calidad de fermentación, mantenimiento del valor nutricional del alimento luego de su estabilización, aceptación por parte de los animales, bajo poder amortiguador, contenido de materia seca mayor al 30% y palatabilidad hacen que el ensilaje de maíz sea el más utilizado por los productores en la alimentación animal. .

Si bien la técnica del ensilaje de maíz es bien conocida, la definición de qué híbrido se adoptará en una determinada localidad, el paquete tecnológico de la propiedad, el manejo adecuado del cultivo y un proceso de producción y conservación son importantes para obtener el rendimiento esperado. Además, la técnica puede y debe ajustarse a cada propiedad, permitiendo así una mayor eficiencia del proceso.

TECNOLOGÍA EN LA SEMILLA

La semilla es uno de los componentes fundamentales en el éxito del proceso productivo, por lo que es necesario elegir la forma más adecuada del híbrido a sembrar. Características como potencial productivo, resistencia a plagas y enfermedades, adaptación al sistema de producción, adaptabilidad a las condiciones de suelo y clima son fundamentales para que el cultivo sea más competitivo.

Según la Empresa Nacional de Abastecimiento (Conab), para la cosecha 2013/14 se ofertaron 467 cultivares de maíz, de los cuales 253 transgénicos y 214 convencionales. Esta gran oferta de híbridos con nuevos avances biotecnológicos ha permitido resistencia y/o tolerancia a determinadas enfermedades foliares, plagas de lepidópteros (orugas) y herbicidas específicos, lo que ha contribuido a un manejo más racional del cultivo, haciéndolo tener un mayor potencial productivo. Otro punto clave en el segmento de tecnología de semillas es la base genética utilizada (híbridos simples, triples, dobles y variedades de polinización abierta) (Figura 1). Actualmente, con cambios en la dinámica de los programas de mejoramiento, los híbridos simples dominan el mercado de semillas de maíz. Estos genotipos son altamente exigentes en condiciones favorables de cultivo, manejo, fertilidad, precipitación hídrica y luz solar para poder expresar su potencial productivo.

La textura del grano influye en la calidad del forraje, cambiando su valor energético y reduciendo la necesidad de pienso concentrado. Básicamente existen dos tipos de textura de grano y sus transiciones en el mercado de semillas: Granos tipo Dent (Zea mays ssp. Indentata) y granos tipo pedernal (Zea mays ssp. Indenduro) (Figura 1). Los granos tipo dentado tienen un almidón suave, harinoso y poroso, fácil de atacar enzimáticamente y de baja densidad debido a la pérdida de humedad en el grano. Esta región central del grano se “encoge” dándole una forma dentada. Los granos de tipo duro (pedernal) tienen, como su nombre indica, un endospermo duro o cristalino que ocupa casi todo su volumen, con una baja proporción de endospermo harinoso. Este vítreo en los granos duros se define por la proporción de endospermo duro (vítreo) con relación al endospermo total, reduciendo la susceptibilidad a la hidrólisis enzimática, disminuyendo su digestibilidad de los carbohidratos presentes. Sin embargo, se debe considerar que a partir del manejo del híbrido x textura, ambas texturas pueden ser utilizadas adecuadamente para elaborar ensilaje.

Actualmente, existe una mayor oferta de semillas de textura dura en el comercio de semillas, con excepciones para la región sur de Brasil, donde todavía se ofrecen semillas del tipo dentado. Una de las razones de esta mayor presencia puede ser la mayor producción de grano que proporciona este tipo de textura.

Figura 1. Características de los cultivares de maíz en función de su base genética y textura del grano. Adaptado: Embrapa (2014).
Figura 1. Características de los cultivares de maíz en función de su base genética y textura del grano. Adaptado: Embrapa (2014).

DISTRIBUCIÓN ESPACIAL DE PLANTAS

La mejora del entorno de desarrollo de la planta de maíz permitió el uso de mayores densidades poblacionales junto con la modificación en la distribución espacial de las plantas. Esta metodología está asociada al mejoramiento genético y a un manejo más específico, proporcionando plantas con una arquitectura foliar más erecta, plantas más pequeñas con inserciones de espigas más pequeñas y menor sombreado de las hojas inferiores, proporcionando así un mayor aprovechamiento de la insolación incidente sobre las plantas, y/o para mejoras en el manejo cultural del cultivo con un mejor uso de las tecnologías de riego y fertilización.

La distribución espacial de las plantas en Brasil todavía es muy variada (Ritchie et al., 2003), donde se observan variaciones en el espaciamiento entre hileras de 0,35m a 1,20m y densidades de población de 35 mil plantas/ha a 100 mil plantas/ha. Esta variación está relacionada con las características del cultivo, la tecnología utilizada, el manejo fitosanitario disponible y el poder adquisitivo de los productores. Los aumentos en la distribución y en ocasiones en la densidad de las plantas son una de las alternativas más fáciles y eficientes para aumentar la productividad mediante un mejor uso de los recursos productivos (Demétrio et al., 2008). El aumento de la densidad vegetal debe ajustarse para cada híbrido x ubicación x entorno, con el fin de maximizar los recursos locales.

Reducir el espacio entre hileras también es una alternativa para proporcionar incrementos en la productividad (Penariol et al., 2003). Con distancias entre hileras más pequeñas, hasta cierto límite, la productividad del grano aumenta gracias a un mejor uso del agua y la luz. La partición de la materia seca exportada vía ensilaje proviene en un 90% a través de la fijación de elementos atmosféricos mediante el proceso de fotosíntesis (Ueno et al., 2011). Por lo tanto, maximizar estrategias que puedan aumentar el uso de recursos ambientales se convierte en una estrategia importante para mejorar el rendimiento del ensilaje. Como resultado, la luz incide durante más tiempo sobre las hojas inferiores, la planta se estresa menos y estas hojas permanecen activas durante más tiempo, pudiendo utilizarse para el proceso de ensilado. Si hay competencia intensa dentro de la hilera de siembra, las plantas priorizarán las hojas más jóvenes y las hojas más viejas (más bajas) envejecerán antes y en consecuencia la altura de corte será mayor y habrá una menor producción de ensilaje por área.

REQUERIMIENTO NUTRICIONAL DEL CULTIVO

La planificación de una determinada superficie para ensilaje debe tener en cuenta los requerimientos nutricionales del cultivo, el techo de producción y la exportación de materia seca y consecuentemente de nutrientes. Por tanto, los nutrientes más exportados son el nitrógeno (N) y el potasio (K). Cuando una cosecha de maíz es ensilada y almacenada en un silo, se renueva la integridad de los minerales en la parte aérea de la planta cosechada, a diferencia de cuando solo se extraen los granos.

Según Coelho (2006), la producción de ensilaje de aproximadamente 18 toneladas de materia seca exporta 230 kg/ha de nitrógeno y 265 kg/ha de potasio. Para Oeno et al. (2011) esta cantidad de nutrientes removidos por la parte aérea provoca daños en el equilibrio de nutrientes y un rápido empobrecimiento del suelo, traduciéndose en una caída de la productividad y baja calidad del ensilaje en cultivos posteriores al no ser sometido constantemente a reposición de estos elementos minerales mediante análisis de suelo. Según Cruz et al. (2010), para este sistema es necesario aumentar la saturación de bases al 70% y el contenido de K al 5% de la capacidad de intercambio catiónico del suelo. Además, la fertilización debe realizarse en el momento ideal para el desarrollo del cultivo para la producción de ensilaje, en el que también son importantes los componentes de la masa verde de la planta (hojas y tallo), además de los granos. En general, para estos sistemas se utilizan dosis superiores del 30% al 50% respecto a la producción de grano y deben realizarse en al menos dos fertilizaciones de cobertura en las que en la primera aplicación (cuatro a cinco hojas) se aplique alrededor del 30% de la parte superior. vendaje. Esta cantidad limitada es suficiente para ampliar/preparar el sistema radicular para la segunda aplicación, además de ayudar a definir el potencial productivo para techos más altos. La segunda aplicación (aproximadamente 70%) debe realizarse después de una mayor formación del sistema radicular de la planta de maíz, reduciendo así las posibilidades de pérdidas de nitrógeno o falta de cobertura del sistema radicular al absorber nutrientes. La segunda aplicación de nitrógeno en el abono se recomienda cuando la planta tiene de 7 a 8 hojas.

MOMENTO DE CORTE

El punto de cosecha es otro factor muy importante en el éxito de esta actividad, incidiendo directamente en la calidad y productividad del cultivo en el proceso de ensilaje. Su determinación recomienda el máximo rendimiento de materia seca y la mejor calidad nutricional de la planta, resultando en contenidos entre 30% y 35% MS en su constitución.

Este momento se caracteriza cuando la planta tiene una línea de leche visible en los granos, es decir, 2/3 del endospermo está duro y 1/3 aún blando. Esta fase comprende, en la escala fenológica del cultivo, R4 y R5, aproximadamente entre 35 y 45 días después de la floración del cultivo. Para Nussio y Manzano (1999), estos niveles de MS se obtienen en plantas de maíz en un momento en que la consistencia de los granos va variando entre los estados pastoso y harinoso duro, lo que corresponde a la visualización de la línea láctea.

Según Cruz et al. (2008), no es deseable cosechar maíz con niveles de MS superiores a 35% a 37%, ya que aumentan la resistencia de la masa ensilada a la compactación. Pero en cambio, mayores contenidos de humedad del material se relacionan con menor producción de MS, pérdidas por lixiviación de compuestos, baja calidad final del forraje y menor consumo por parte de los animales. Para Dermachi (2001), el valor de humedad del material debe concentrarse entre 65% y 70% de humedad, ya que valores por debajo y por encima de este rango indican pérdidas por efluentes y fermentación del material.

La altura de corte normalmente está entre 25cm y 30cm del suelo, pero puede variar dependiendo de las condiciones fitosanitarias de las hojas inferiores de la planta. Según Dias (2002), aumentar la altura de corte en el momento del ensilaje resulta en una reducción de la relación tallo/mazorca, lo que conduce a mejoras en las características nutricionales del forraje.

La densidad final es una característica muy afectada por la correcta elección del momento de recolección, ya que está directamente relacionada con el tamaño de partícula, muy dependiente del implemento mecánico utilizado y del contenido de MS. Esto afecta la porosidad del forraje, lo que establece la tasa de aireación del material ensilado y, posteriormente, su grado de deterioro durante el almacenamiento y desilaje (Bolsen & Bolsen, 2004). Una densidad ideal para un buen ensilaje se sitúa entre 550 kg/m-3 a 700 kg/m-3, ya que no se recomiendan valores muy superiores a este, ya que generalmente provienen de ensilajes con menor contenido de materia seca, recolectados más verdes o con mala compactación.

Compactación de silos en zanjas.
Compactación de silos en zanjas.

CALIDAD DEL FORRAJE

Al final del proceso de fermentación y almacenamiento se espera obtener un material de alta calidad, buena aceptabilidad por los animales y sin pérdidas por deterioro. Los valores promedio más encontrados en la literatura enfatizan que un buen ensilaje es aquel que tiene de 30% a 35% de MS, de 5,8% a 7,5% de proteína cruda, de 23% a 28% de fibra detergente ácida, de 38% a 43% de fibra detergente neutra. con nutrientes totales digestibles superiores al 68%.

La calidad del ensilaje está directamente relacionada con numerosos factores ya descritos anteriormente, pero siempre está ligada al rendimiento del cultivo que se utilizará en la producción de forraje. Los híbridos con buenos rendimientos de grano o MS en el punto de ensilaje no siempre tienen las mejores cualidades para la producción animal, más específicamente la producción de leche.

En el escenario del mercado de semillas existen varios híbridos específicos para la producción de granos, otros más destinados a la producción animal y los que se consideran de doble aptitud. En un trabajo realizado en la cosecha 2014/15 en la región central de Rio Grande do Sul, evaluando cinco híbridos específicos de maíz, se encontró una distribución espacial, determinando la especificidad de cada material genético probado.

Los componentes del rendimiento de los híbridos de maíz evaluados se presentan en el Cuadro 1.

Esta mayor respuesta está directamente asociada a menores pérdidas en su ciclo productivo provocadas por plagas de insectos y su genética, dándole mayor rendimiento con mayor sanidad. Utilizando una metodología propuesta por la Universidad de Wisconsin (MILK 1997 - Undersander et al., 1993), basado en un sistema de modelación numérica que toma en cuenta los parámetros preestablecidos de un animal estándar, tenemos: masa corporal de la vaca: 509 kg; producción de leche de vaca 18,9 L/d; porcentaje de grasa en la leche 3,42%; etapa intermedia de lactancia; porcentaje de pérdidas en ensilaje del 10%, y fibra detergente neutra del ensilaje 49,44% y digestibilidad”in vitro” de materia seca 67,9%. A partir de los parámetros de entrada de los diferentes híbridos se obtiene la posible producción de leche por superficie. Con esto se pueden caracterizar los híbridos de maíz en términos de su idoneidad. Al tener la producción de granos y la producción de leche por área, es posible combinar estos dos datos y obtener una gráfica con cuatro áreas distintas. Los híbridos ubicados en la región A son más adecuados para la producción de leche, la región B está indicada para doble idoneidad y en la región D para la producción de cereales. Sin embargo, estas comparaciones sólo son válidas si se consideran los híbridos contrastantes tanto para las evaluaciones como para el entorno de producción, ya que cada híbrido tiene una complejidad de opciones para su desarrollo.

Figura 2. Caracterización de híbridos de maíz en relación con su productividad de grano y leche. Santa María, 2015.
Figura 2. Caracterización de híbridos de maíz en relación con su productividad de grano y leche. Santa María, 2015.

Cuanto mayor sea la calidad y cantidad de forraje producido, menor será la necesidad de suplementar este alimento. Por lo tanto, es posible alcanzar altos índices de producción con costos reducidos, ya sea en la cadena láctea o en la producción de carne. La respuesta productiva del animal proporciona la mejor manera de determinar la calidad del forraje producido.

Otros ítems aún deben ser considerados para la producción de ensilaje de calidad, como el tipo de silo, el tamaño de las partículas, el uso de equipos capaces de reducir el tamaño de las partículas, el sellado y el tiempo de conservación antes de abrir el silo.

A) Mucha materia seca, de la parte más baja del tallo y hojas secas; B) tamaño de partícula grande; C) ensilaje adecuado y bien mezclado.
A) Mucha materia seca, de la parte más baja del tallo y hojas secas; B) tamaño de partícula grande; C) ensilaje adecuado y bien mezclado.


Thomas Newton Martin, Paulo Eugênio Schaeffer, Thânia Maria Müller, Alex TagliaPietra Schönnell, UFSM


Artículo publicado en el número 207 de Cultivar Grandes Culturas.

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