Manejo del moho blanco en la soja.
Ajustar el espacio entre hileras y la densidad de siembra son prácticas que pueden ayudar a controlar las enfermedades fúngicas.
El tratamiento de semillas con fungicidas es una estrategia eficaz para proteger las plantas de trigo de ataques de enfermedades como el complejo de manchas foliares. Drechslera tritici-repentino, Bipolaris sorokiniana e Stagonospora nodorum durante la fase inicial de desarrollo en los cultivos, además de proporcionar un rodal más uniforme.
Dentro de un sistema de manejo integrado y sustentable, que comienza con la rotación de cultivos, el tratamiento de semillas es una práctica importante, ya que la definición del potencial productivo del cultivo comienza en la emergencia, mediante el adecuado establecimiento de la planta y su posterior desarrollo. Por ello, es de fundamental importancia que la semilla utilizada sea de buena calidad (alto vigor y poder germinativo), pero sobre todo, libre de enfermedades. En este sentido, los factores promotores de la productividad (elección de cultivar, época de siembra, población y distribución de plantas, fertilización y encalado, entre otros) deben estar acordes con los factores protectores de la productividad que relacionan aspectos fitopatológicos, que van desde la siembra (o más bien, tratamiento de semillas) hasta la cosecha.
Varias enfermedades de importancia económica que ocurren en el trigo son causadas por patógenos que pueden transmitirse a través de las semillas. En este caso, la semilla sirve de refugio, siendo uno de los principales medios de difusión. Como ejemplo, se citan las enfermedades conocidas como manchas foliares en el trigo (mancha amarilla y mancha marrón), con tasas de transmisión de semilla a brote que varían del 40% al 79%, respectivamente. Las principales manchas foliares del trigo en el sur de Brasil son: la mancha amarilla, causada por Drechslera tritici-repentino, la mancha marrón, causada por Bipolaris sorokinianay septoria, causada por Stagonospora nodorum. En el campo, los patógenos generalmente ocurren en asociación, lo que resulta en un “complejo de manchas foliares”. Las manchas foliares son responsables de reducciones en la productividad que oscilan entre el 40% y el 80%. Bipolaris sorokiniana También provoca la pudrición común de la raíz, que puede provocar reducciones de productividad de alrededor del 20%. Otra enfermedad transmitida por semillas es el carbón, causado por Ustilago tritici, aunque de aparición esporádica.
Debido a las elevadas precipitaciones a lo largo del ciclo del cultivo del trigo en la última cosecha agrícola (2014), se presentó el tizón de la espiga por Fusarium o fusariosis (Fusarium de las gramíneas) se detectó en niveles muy elevados en las semillas, no sólo del trigo, sino también de otros cereales de invierno. La velocidad de transmisión de Fusarium para la raíz primaria y el mesocotilo es alrededor del 59%. Sin embargo, la presencia de F. gramíneas en semillas de trigo se relaciona con la pudrición común de la raíz y no con la aparición de FHB en las mazorcas. La aparición de mildiú polvoriento, aunque no se transmite a través de las semillas, también se puede controlar o minimizar mediante el tratamiento de las semillas. En este caso, el fungicida queda adherido externamente a la superficie de la cariópside y al momento de la siembra es disuelto y lixiviado por el agua del suelo, siendo absorbido por las raíces y translocado vía xilema en las plántulas.
Los principales objetivos del tratamiento de semillas son: eliminar los hongos asociados a la semilla, evitando así la transmisión a las plántulas; proteger la plántula del ataque de hongos necrotróficos que ya están presentes en la paja e, indirectamente, prevenir la muerte de las plántulas; ayudar en el control de hongos biotróficos, como el mildiú polvoriento y la roya; reducir la fuente de inóculo primario de la enfermedad y mejorar la eficiencia de los tratamientos realizados en las partes aéreas. Por tanto, el uso de fungicidas en el tratamiento de semillas previene la introducción de hongos asociados a las semillas y su transmisión a la parte aérea y raíces, además de proteger contra el ataque de hongos existentes en el suelo o en la paja. Además, las plantas procedentes de semillas tratadas muestran un mejor desarrollo inicial y una base más uniforme. Para los sistemas de producción que buscan una alta productividad, la uniformidad es fundamental, y este prerrequisito sólo se logrará si el cultivo es uniforme desde el principio.
La práctica del monocultivo reduce drásticamente los efectos del tratamiento de semillas. Como los hongos que causan las manchas foliares tienen la capacidad de sobrevivir en los residuos de los cultivos de un año para otro, las plantas pueden quedar expuestas a la enfermedad incluso antes de la emergencia, especialmente en situaciones donde se practica el monocultivo, lo que favorece la supervivencia y multiplicación de los hongos. Así, dentro de un sistema de manejo integrado de enfermedades, el uso de múltiples estrategias de control, comenzando por la rotación de cultivos y el tratamiento de semillas con fungicidas, tiene como objetivo minimizar los impactos negativos causados por las enfermedades, ya que interfieren con el proceso de fotosíntesis, lo que reduce el área foliar verde. y, en consecuencia, el rendimiento y la calidad de los granos de trigo.
Para definir el mejor tratamiento fungicida a utilizar sobre un lote de semillas, se recomienda realizar su análisis sanitario con el fin de identificar la incidencia y especies de hongos asociados a las semillas. Otra posible estrategia es observar para tener un historial de las principales enfermedades que se desarrollan en el período inicial, y así idear estrategias que minimicen los efectos de esta enfermedad, ya sea mediante control químico y/o control integrado. De esta forma, la elección del fungicida se puede seleccionar según su espectro de acción, ya que un solo fungicida no controla todas las especies de hongos. La calidad del tratamiento de las semillas también influye en la eficiencia del control. Las formulaciones de fungicidas líquidos son más efectivas que los polvos secos. Lo ideal es utilizar entre un 1% y un 2% de agua para esparcir los fungicidas cerca de la semilla, proporcionando una mejor cobertura. Con una cobertura inadecuada o insuficiente, habrá tres tipos de plántulas en el cultivo. El primer tipo de plántula es la que se originó a partir de una semilla bien tratada; el segundo tipo es una plántula que se originó a partir de un tratamiento parcial (con menor dosis/menor concentración y menor cobertura de semilla) y el tercer tipo es aquella que se origina a partir de una semilla en la que el producto químico no está presente o es insuficiente para ejercer su acción completa. En este sentido, cuando hay un tratamiento desigual de las semillas, se debe esperar que el cultivo también sea desigual, lo que seguramente causará daños al sistema, ya que en esta condición habrá plantas contaminadas con cierto hongo que se estará propagando. en toda la superficie del cultivo, favoreciendo así una pulverización más temprana del cultivo.
Para evaluar el efecto del tratamiento de semillas con fungicidas en el control de las manchas foliares y el rendimiento del trigo, se realizó un ensayo en el área experimental del CCGL TEC, en Cruz Alta, Rio Grande do Sul, durante la cosecha agrícola de 2014, con el cultivar Fundacep Horizonte, susceptible a manchas foliares, moderadamente susceptible a oídio y resistente a roya de la hoja. Se probaron siete productos, con diferentes principios activos. En todos los tratamientos, incluido el testigo, se aplicó el insecticida Imidacloprid 150g/l + Tiodicarb 450g/l (300ml/100kg de semillas). Se realizaron aplicaciones estándar de fungicida en la parte aérea, comenzando desde el alargamiento, totalizando tres aplicaciones, con intervalos de 15 días, de manera que el único factor variable entre tratamientos fue la presencia o ausencia de tratamiento químico con fungicida sobre la semilla. Los tratamientos probados fueron: 1) control sin fungicida en TS; 2) Fipronil 250 g/l, Piraclostrobina 25 g/l, Tiofanato de metilo 225 g/l (100 ml/ha); 3) Triadimenol 150g/l (300ml/100kg de semillas); 4) Carboxina 200 g/l + Tiram 200 g/l (250 ml/100 kg de semillas); 5) Difenoconazol 150g/l (200ml/100kg de semillas); 6) Iprodiona 500g/l (100ml/100kg de semillas) y 6) Carbendazima 500g/l (100ml/100kg de semillas).
Se evaluó la productividad del grano (kg/ha) y la severidad de las manchas foliares y el oídio. El diseño experimental fue bloque por caso, con cinco repeticiones. Los resultados fueron sometidos a Anova, con discriminación de medias mediante la prueba de Tukey (p < 0,05).
Según los resultados observados en la cosecha 2014, todos los tratamientos de semillas probados redujeron la severidad de las manchas foliares, haciendo más eficiente el control químico realizado en la parte aérea. La menor gravedad de las manchas se observó en el tratamiento con fipronil + tiofanato de metilo + piraclostrobina, no siendo estadísticamente diferente de los tratamientos con iprodiona, carboxina + tiram, triadimenol, carbendazim y difenoconazol. Asimismo, todos los tratamientos fueron eficientes en el control del mildiú polvoriento (Cuadro 1).
También se observaron ganancias significativas en el rendimiento de grano, con diferencias que oscilaron entre 3,7 bolsas/ha y 5,8 bolsas/ha, en comparación con el testigo no tratado con fungicida en las semillas (Cuadro 1). Por lo tanto, queda claro que el tratamiento de semillas con fungicidas es una herramienta importante para controlar las enfermedades de la parte aérea y mantener el potencial productivo del trigo. También se recomienda combinar insecticidas con el tratamiento de semillas, para proteger no sólo de los ataques de enfermedades, sino también de los ataques de insectos, que son vectores importantes para la introducción de enfermedades y virus.
En los sistemas intensivos de producción de granos se debe establecer un conjunto de manejos integrados para la sostenibilidad del sistema. La rotación de cultivos, eliminación de plantas voluntarias, siembra en época indicada por zonificación, cosecha y almacenamiento con humedad adecuada, adquisición de semillas con calidad sanitaria comprobada, entre otros aspectos, reducen la presión de patógenos en los periodos iniciales del cultivo. Además, permiten que el tratamiento químico funcione mejor. De esta forma, la gestión integrada se convierte siempre en la mejor opción para garantizar la sostenibilidad del sistema.
Caroline Wesp Guterres, Juliana da Silva Bruinsma, Gilmar Seidel, CCGL TEC; Thomas Newton Martín, UFSM
Artículo publicado en el número 191 de Cultivar Grandes Culturas.
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