Mejoramiento genético, ambiente de producción y gestión

Por Claitson Gustavo Zanin, Evandro Maschietto, Fabiano Pacentchuk y otros

10.12.2025 | 14:17 (UTC -3)
Foto: Tony Oliveira
Foto: Tony Oliveira

La agroindustria brasileña ocupa una posición estratégica para garantizar la seguridad alimentaria mundial. Esta posición, forjada durante décadas, se mantiene y se expande mediante la búsqueda continua de innovación y eficiencia, donde la ciencia y la tecnología se aplican directamente en el campo para superar desafíos y elevar los estándares de producción.

La cosecha de maíz de verano 2024/25 será recordada como un hito para la agricultura brasileña. Si bien un clima excepcionalmente favorable creó el escenario ideal, los rendimientos récord no fueron accidentales. Fueron el resultado de décadas de innovación científica, en las que el mejoramiento genético avanzado se ha convertido en un pilar indiscutible, potenciado por una gestión precisa y herramientas digitales transformadoras.

Evolución de los híbridos

La historia del maíz es, en esencia, la historia del mejoramiento genético. Esta práctica se remonta a la Revolución Neolítica y adquirió un nuevo carácter en el siglo XX con las investigaciones de George Harrison Shull, que impulsaron la era de los híbridos. En Brasil, este liderazgo se materializó con la fundación de Agroceres en 1945, dedicada al desarrollo de materiales adaptados a los diferentes entornos de producción del país.

El resultado de la evolución de los híbridos y la incorporación de biotecnologías, incluyendo aquellas destinadas al control de plagas como el gusano cogollero, se refleja en las mejoras en la productividad y la seguridad agronómica percibida en los cultivos. A nivel mundial, la mejora y la adopción de híbridos duplicaron con creces la productividad entre 1961 y 2002, y este progreso se ha mantenido como un proceso continuo.

Desarrollar un programa de mejoramiento robusto es estratégico y acumulativo. La base de germoplasma de Bayer, por ejemplo, se ha consolidado durante décadas, integrando diferentes legados y ampliando la diversidad genética disponible. Esta diversidad permite el desarrollo de híbridos adaptados a cada entorno de producción, respondiendo con precisión a los desafíos de un país con una gran complejidad edafoclimática.

Es importante destacar que la evolución de los híbridos modernos va más allá de la búsqueda exclusiva del rendimiento. Características como la estabilidad del rendimiento, el ciclo ajustado y la seguridad agronómica se priorizan igualmente. La temporada de cultivo 2023/24, marcada por la alta presión de enfermedades foliares y el complejo de enanismo, sirvió como campo de pruebas, favoreciendo la selección de materiales con mayor capacidad defensiva y resiliencia. Este avance brinda seguridad al agricultor y preserva el progreso alcanzado en productividad.

Aumento de la productividad

El excepcional rendimiento de la cosecha 2024/25 fue resultado de la combinación de clima y tecnología. Por un lado, las condiciones ideales de lluvia y radiación solar, analizadas por el profesor Dr. Luis Sangoi, crearon el entorno propicio para la expresión del potencial genético. Por otro lado, los avances en el mejoramiento genético mantuvieron el rendimiento en campo y aumentaron el potencial de rendimiento.

Esta combinación se traduce en cifras. Los datos de la CONAB indican una productividad promedio de 10.886 kg/ha en Paraná. Paralelamente, experimentos de la Fundación ABC registraron picos superiores a 19.800 kg/ha en localidades de la región de Campos Gerais, lo que pone de relieve la capacidad de respuesta de los híbridos cuando se posicionan correctamente.

El clima favorable fue clave para que la genética se expresara. Tres factores sobresalieron. La ausencia de heladas tardías aseguró un buen establecimiento inicial. La adecuada distribución de las precipitaciones promovió la sincronía entre la floración masculina y femenina, favoreciendo la polinización y el número de granos por espiga. La alta disponibilidad de radiación solar durante el llenado de los granos prolongó la actividad fotosintética y resultó en espigas más densas.

Este aumento de la productividad también se vio influenciado por decisiones de gestión que alinearon las prácticas agrícolas con el potencial del año. Datos de la Fundación ABC muestran que ajustar la época de siembra de finales de agosto a mediados de septiembre resultó en un aumento de 15 sacos de maíz por hectárea, lo que demuestra la importancia de posicionar correctamente los híbridos dentro del periodo ideal para cada región.

Impacto del mejoramiento genético

El impacto del mejoramiento genético es directo y medible. Un estudio interno de Bayer sobre híbridos lanzados en los últimos 25 años indicó una ganancia promedio de 151,4 kg por hectárea al año. En la práctica, los productores que invirtieron en genéticas como AS1955PRO4, DKB242PRO4 y AG8707PR4 superaron los 300 sacos por hectárea en la cosecha 2024/25, consolidando un nivel de producción previamente poco frecuente.

Más allá del simple rendimiento, la mejora genera eficiencia. El mismo estudio mostró una reducción del 23,6% en el uso de tierra para producir una tonelada de maíz durante el período evaluado. Este progreso contribuye a la sostenibilidad, la seguridad alimentaria y la seguridad financiera del productor, a la vez que maximiza el retorno de la inversión en prácticas de gestión.

La interacción entre la genética y la nutrición resalta este potencial. En otro experimento realizado por Copercampos, el híbrido DKB242PRO4 respondió a la fertilización nitrogenada de precisión con rendimientos superiores a 340 sacos por hectárea. El ensayo también indicó una limitación en la respuesta a dosis altas, lo que refuerza la idea de que el éxito reside en la dosis y el momento adecuados, en consonancia con el potencial del cultivo y las condiciones locales.

El impacto también se refleja en la salud de los cultivos. Las biotecnologías presentes en los híbridos desempeñan un papel esencial en el manejo integrado de plagas, como el control del gusano cogollero. La combinación de materiales con mayor tolerancia y manejo preventivo ayudó a mantener la presión de patógenos y plagas a niveles bajos en la temporada agrícola 2024/25, protegiendo así el área foliar activa y el potencial de rendimiento.

Camino hacia la alta productividad

La agricultura digital se ha consolidado como un vínculo que conecta y potencia los demás pilares. Las herramientas que transforman la variabilidad de las parcelas en recomendaciones prácticas aportan precisión a la ejecución y respaldan decisiones con gran influencia en los resultados.

En la práctica, los agricultores que utilizaron soluciones como Bayer VAlora lograron aumentos de hasta 8 sacos por hectárea con ajustes en la población de plantas y de 3 a 5 sacos por hectárea con la asignación inteligente de nitrógeno. Estos resultados fueron posibles gracias a mapas de prescripción que ajustan la densidad de siembra y la fertilización al potencial real de cada entorno dentro del mismo cultivo.

Este avance representa la convergencia de la ciencia de datos y la experiencia de los agricultores. Con una sólida base de datos, alimentada por más de 1,5 millones de hectáreas de investigación aplicada, las recomendaciones son cada vez más precisas. El futuro de la productividad depende de la capacidad de generar e interpretar datos, garantizando la competitividad y la sostenibilidad de quienes combinan la tecnología con buenas prácticas agronómicas.

La cosecha 2024/25 demostró inequívocamente que el mejoramiento genético es el pilar central del sistema de producción de maíz. Eleva el rendimiento máximo en años favorables y proporciona resiliencia en ciclos adversos, a la vez que amplifica la rentabilidad de cada inversión en gestión y tecnología.

Para asegurar el pleno aprovechamiento de este potencial genético, la investigación regional y la asistencia técnica son fundamentales. Instituciones como la Fundación Agraria para la Investigación Agropecuaria desempeñan este papel estratégico realizando ensayos rigurosos en diferentes momentos y entornos, validando el rendimiento de los materiales. Esta generación de conocimiento, transferida al campo mediante asistencia técnica, garantiza el posicionamiento asertivo y la correcta gestión de los híbridos, permitiendo extraer lo mejor de cada composición genética en las condiciones específicas de cada cultivo.

La integración de la genética, el posicionamiento híbrido, la nutrición de precisión, la gestión fitosanitaria preventiva y la agricultura digital construye un sistema de producción más eficiente y estable. Este conjunto de decisiones, basado en la investigación y las validaciones regionales, transforma el potencial en resultados consistentes.

La inversión continua en investigación y desarrollo genético es la garantía de que el agronegocio brasileño seguirá siendo competitivo, sustentable y preparado para seguir desempeñando su papel estratégico en el suministro mundial de alimentos, consolidando la productividad y la estabilidad del cultivo de maíz en la temporada de verano.

* por Claitson Gustavo Zanin (Bayer), Evandro Henrique Gonçalves Maschietto (Fundación ABC) Fabiano Pacentchuk (Fundación Agraria) Fernando Sartori (Copercampos), Henrique Uliana Trentin (Bayer), Luis Sangoi (UDESC), Marlon Denez (Bayer) y William Luis Antonio Zancán (Bayer)

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