La conservación del suelo garantiza la seguridad alimentaria
Por Alberto Bernardi, investigador de Embrapa Ganadería Sudeste
Brasil es reconocido mundialmente por su tierra fértil y clima diverso, factores que favorecen la producción de alimentos, fibras y bioenergía. Entre los cultivos más importantes destaca el cultivo del tomate, una de las actividades más tradicionales y productivas de la agricultura nacional. Según el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), en 2024 la cosecha de tomate fue de 4,7 millones de toneladas, con un crecimiento del 19,2% en comparación con 2023.
Los avances tecnológicos hacen posible que la producción de tomate atienda a una variedad de mercados, incluido el consumo fresco, el procesamiento industrial y la exportación. Sin embargo, este cultivo es muy susceptible a plagas y enfermedades, por lo que se requiere un control efectivo para asegurar la productividad y calidad del cultivo.
La oruga de la polilla del tomate (Tuta absoluta) es una de las principales plagas, causando daños directos al alimentarse de las hojas, tallos y frutos de las plantas de tomate. Al formar galerías en las plantas, esta plaga favorece infecciones secundarias y reduce la calidad comercial de los frutos.
La mosca blanca (Bemisia tabaci) también compromete la producción al succionar la savia de las plantas, reduciendo su vigor y productividad. Además, es uno de los principales vectores de virus, como el Geminivirus, que causa mosaico y enanismo, comprometiendo la cosecha. Las infestaciones graves pueden provocar la pérdida total del cultivo.
Otra amenaza importante es el tizón tardío (Phytophthora infestans), una enfermedad fúngica que causa lesiones oscuras y húmedas en hojas, tallos y frutos. En condiciones de alta humedad, el tizón tardío se propaga rápidamente y puede destruir todo el cultivo en cuestión de días.
La presencia de plagas y enfermedades en el cultivo de tomate reduce la productividad, genera frutos deformados o inviables para el mercado y aumenta los costos de plaguicidas y manejo. Por lo tanto, es esencial adoptar prácticas de control eficientes y sostenibles.
Una solución prometedora para el control de plagas y enfermedades en el cultivo del tomate es el control biológico. El uso de insecticidas biológicos a base de Bacillus thuringiensis (Bt) es eficaz contra el minador de las hojas del tomate. Para combatir la mosca blanca, el hongo Beauveria bassiana Se recomienda, ya que infecta y mata a los adultos de la plaga. En el caso del tizón tardío, microorganismos como Trichoderma spp., compiten con el patógeno, ayudando a reducir la infestación.
El uso de productos biológicos tiene la ventaja adicional de reducir el uso de agroquímicos, minimizando los residuos en las frutas y los impactos ambientales. Además, preservan los enemigos naturales de las plagas, lo que contribuye al equilibrio ecológico del cultivo y evita el desarrollo de resistencias en los patógenos.
Con un manejo adecuado y control biológico, los agricultores obtienen una producción más sostenible, buena productividad y tomates de alta calidad. Al reducir la dependencia de los productos químicos, no sólo preservan el medio ambiente, sino que también benefician la salud de los trabajadores rurales y los consumidores.
La adopción de métodos sostenibles es, por tanto, esencial para garantizar el futuro de la tomatera brasileña, asegurando tanto la rentabilidad del sector como la preservación del medio ambiente.
* Por Renato Brandão, BRQ Brasilquímica
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