La colaboración académica entre Brasil y China impulsa la innovación en el campo

Por Sebastián Giraldo Montoya (UFV), Zhang Min (NAU-China) y Manuela María Cavalcante Granja (Microvet)

02.10.2025 | 15:20 (UTC -3)

El panorama global plantea desafíos crecientes para la agricultura: producir más con menos recursos, reducir el impacto ambiental y responder a las presiones del mercado de consumo en busca de trazabilidad y sostenibilidad. En este contexto, la cooperación científica internacional emerge como una herramienta estratégica. La relación entre Brasil y China, dos potencias en agronegocios y ciencia aplicada, destaca por la complementariedad de sus conocimientos y el potencial para generar innovaciones con impacto directo en la producción. 

Brasil ha consolidado su liderazgo en la agroindustria gracias a la agricultura tropical. La experiencia acumulada en el manejo de suelos de baja fertilidad, la adaptación de cultivares a diferentes condiciones edafoclimáticas y los avances en sistemas de producción integrados, como el Sistema Integrado de Cultivos, Ganadería y Silvicultura (ICLF), han resultado en mejoras de productividad y sostenibilidad reconocidas mundialmente. Universidades como la Universidad Federal de Vitória (UFV) e instituciones como Embrapa son actores clave en este proceso, con importantes contribuciones en fisiología vegetal, manejo de suelos y uso de bioinsumos. 

China, por su parte, se enfrenta al reto de alimentar a una población de más de 1,4 millones de personas en un territorio con tierras cultivables limitadas. Esta realidad ha llevado al país a realizar importantes inversiones en biotecnología, mecanización, agricultura digital y riego de precisión. Las universidades y centros de investigación chinos están a la vanguardia de la aplicación de la inteligencia artificial a la agricultura, utilizando big data para la previsión de cosechas y desarrollando tecnologías de monitorización remota. 

La cooperación académica entre Brasil y China involucra, entre otras instituciones, al Centro de Estudios Americanos de la Universidad Agrícola de Nanjing (NAU) y a los Departamentos de Agronomía, Suelos e Ingeniería Agrícola de la Universidad Federal de Viçosa (UFV). Esta colaboración abarca proyectos conjuntos en gestión y conservación de suelos, adaptación de sistemas de producción al cambio climático y el desarrollo de tecnologías de riego eficientes. Además del intercambio de investigadores, la alianza incluye publicaciones científicas conjuntas y transferencia de conocimiento con potencial de aplicación directa en propiedades agrícolas de Brasil y China. 

El efecto sinérgico de la cooperación entre ambos países pone de relieve la sólida complementariedad existente. Mientras que Brasil ofrece una experiencia consolidada en agricultura tropical y soluciones probadas en condiciones de alta variabilidad climática, China aporta herramientas tecnológicas avanzadas y la capacidad de escalar innovaciones en grandes mercados. Esta integración puede resultar en nuevas prácticas de gestión, un uso más racional del agua y los insumos, y el desarrollo de sistemas de producción más resilientes. 

Para maximizar los resultados, es necesario establecer mecanismos de gobernanza y propiedad intelectual que garanticen la reciprocidad y los beneficios mutuos. El desarrollo de recursos humanos debe ser una prioridad, con programas de posgrado y prácticas técnicas que formen profesionales capaces de afrontar los retos de la producción agrícola sostenible. 

El futuro de la agroindustria dependerá cada vez más de la combinación de eficiencia productiva, innovación tecnológica y responsabilidad social y ambiental. La cooperación académica entre Brasil y China, ejemplificada por la colaboración entre reconocidos centros de investigación de ambos países, señala un camino prometedor para transformar la investigación científica en soluciones concretas para este campo. Más allá de simplemente aumentar la competitividad, esta estrategia puede posicionar a ambos países como líderes mundiales en la construcción de un sistema agrícola bajo en carbono, adaptado a las nuevas demandas del mercado y la sociedad. 

*Por Sebastián Giraldo Montoya, profesor de fruticultura en el área de plantas de clima templado de la Universidad Federal de Viçosa (UFV), Zhang Min, Director Ejecutivo del Centro de Estudios Americanos de la Universidad Agrícola de Nanjing - China, y Manuela María Cavalcante Granja, investigador de biotecnología en Microvet

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