La evolución de la IA en la agricultura y la industria brasileñas.
Por Elizeu dos Santos, director de marketing de productos de Valtra y Fendt
La 30.ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP30), celebrada en noviembre en Belém, Pará, dejó una serie de lecciones aprendidas. En la práctica, representó mucho más que la simple continuación del proceso de negociación climática multilateral construido durante las últimas tres décadas, marcado por avances graduales, compromisos nacionales voluntarios y una creciente complejidad geopolítica.
Celebrada en el corazón de la Amazonia, la conferencia situó el uso de la tierra y la producción de alimentos en el centro del debate climático. La trascendencia política de esta postura es evidente: la transición ya no se trata simplemente como un problema energético, sino como una ecuación sistémica que abarca el clima, la competitividad, la inclusión social y la seguridad alimentaria.
Bajo la presidencia del Embajador André Corrêa do Lago, la COP30 se caracterizó por un enfoque orientado a la convergencia, con énfasis en el pragmatismo y la capacidad de implementación, lo que ayudó a reducir el ruido ideológico en torno al agronegocio y a reposicionar la agricultura tropical como parte de la solución, no como un “obstáculo” a ser neutralizado.
Este reposicionamiento es extremadamente relevante porque altera el punto de partida de las políticas: si la agricultura es la solución, entonces el diseño regulatorio, los mecanismos financieros y las prioridades de innovación recompensarán a quienes ofrezcan resultados mensurables, no sólo compromisos genéricos.
Entre las decisiones más trascendentales, la COP30 consolidó el principio de "Transición Justa" como un eje eficaz de la política climática, explicitando la necesidad de situar a los productores, trabajadores y comunidades rurales en el centro de las decisiones y de trasladar el debate de objetivos abstractos a condiciones concretas para su adopción. En otras palabras, no basta con exigir el cambio; es necesario crear los medios —asistencia técnica, instrumentos de adaptación y participación real— para que la transformación sea viable y socialmente legítima.
El punto crítico, sin embargo, es que la Transición Justa solo existe cuando existe una infraestructura mínima para implementarla. En este sentido, el Pacto por el Agro Sostenible (PAS), lanzado por UPL en marzo de 2025, se alinea con el espíritu de las decisiones de la Conferencia. Fue diseñado para preparar a los productores para un nuevo escenario de demandas ambientales y de mercado, especialmente en certificaciones bajas en carbono. Al trabajar con cinco cooperativas —Comigo (GO), Copasul (MS), Coplacana (SP), Holambra (SP) e Integrada (PR)—, el PAS reconoce un elemento clave que a menudo se ignora: la escala solo se logra trabajando a través de redes ya extendidas en el territorio.
La implementación del PAS traduce una decisión global en capacidad práctica. 1.000 informes simplificados de sostenibilidad, 1.000 inventarios de carbono y 1.000 diagnósticos digitales del Registro Ambiental Rural (CAR) estarán disponibles gratuitamente, y se completarán al final de la actual cosecha de soja, lo que permitirá obtener una visión completa del ciclo agrícola. Este diseño genera previsibilidad, reduce asimetrías y aborda un obstáculo central de la nueva economía climática: sin evidencia ni medición, los emprendedores rurales no pueden acceder a los mercados ni a la financiación.
Otro resultado clave de la reunión de Belém fue la mayor ambición en materia de adaptación, lo que indica que los recursos y mecanismos deben centrarse en iniciativas con credibilidad, buena gobernanza y el uso de indicadores verificables. Esto transforma la lógica del debate al considerar la adaptación como una inversión, no como un costo inevitable, y refuerza la convergencia entre la eficiencia productiva, la reducción de riesgos y el acceso a oportunidades.
Para que este capital se traduzca en una transformación real, la COP30 también destacó, aunque indirectamente, que el desarrollo de capacidades técnicas es parte de la política climática. Sin conocimiento aplicado, las mejores reglas se convierten en burocracia y la mejor financiación sigue siendo limitada. El Programa Aplique Bem, creado en 2007 por la UPL en colaboración con el Instituto Agronómico (IAC), cubre esta brecha brindando capacitación directamente a las propiedades rurales. Con más de 5000 sesiones de capacitación, que impactan a más de 90 000 personas en el país y operan en ocho naciones, la iniciativa demuestra que los beneficios ambientales dependen menos de la retórica y más del método y la continuidad.
Sin embargo, la Conferencia expuso una brecha que merece ser destacada: la infraestructura de datos, la trazabilidad y la verificación no recibieron la centralidad proporcional a su rol como condición para el acceso. En la práctica, es aquí donde muchos productores podrían quedar rezagados, incluso cuando la narrativa internacional indica lo contrario. Programas como el PAS ayudan a transformar la necesidad en capacidad y la presión en oportunidad.
La creación de AgriZone por parte de la Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (Embrapa) sirvió como legado político y educativo de la COP30, alejando la agricultura de una perspectiva defensiva y posicionándola como un escaparate de soluciones. La participación de UPL, a través de Agrosfera y la campaña global #AFarmerCan, reforzó este cambio de narrativa al dar visibilidad a los agricultores que reducen las emisiones, regeneran los suelos, conservan el agua y protegen la biodiversidad.
Finalmente, la principal contribución de la conferencia fue consolidar la comprensión de que la transición climática se basará en datos fiables, el desarrollo de capacidades técnicas, el acceso a financiación y la inclusión productiva. En este contexto, UPL se posiciona como un promotor activo de esta agenda, invirtiendo continuamente en innovación, tecnología y modelos de negocio capaces de impulsar una cadena de producción más eficiente, resiliente y transparente. De este modo, reinventar la sostenibilidad en la producción alimentaria deja de ser un concepto aspiracional para convertirse en un proceso continuo, que se construye día a día en el campo y a lo largo de toda la cadena de valor.
*Por Rogerio Castro, CEO de UPL Brasil e ingeniero agrónomo de la Universidad Federal de Lavras (UFLA)
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