Conocimiento y manejo de la chinche de la raíz Mahanarva fimbriolata
Por Karen Helena Rodrigues, especialista en manejo de plagas agrícolas
La agricultura regenerativa ha cobrado impulso en Brasil como una forma prometedora de restaurar la salud del suelo, fortalecer los sistemas de producción y cuidar el medio ambiente sin sacrificar la rentabilidad del campo. Mucho más que preservar, este modelo busca regenerar, devolver la vitalidad a la tierra y crear cultivos más equilibrados y resilientes. Y, en este proceso, la tecnología ha sido un gran aliado para los productores.
Desde su concepción por Robert Rodale en 1983, la agricultura regenerativa se ha basado en prácticas como la siembra directa, el acolchado, el cultivo de cobertura, la rotación planificada, consorcios bien estructurados, el compostaje y el uso de bioinsumos. La combinación de estas acciones favorece la fijación de carbono, mejora la retención de agua en el suelo y refuerza los ciclos biológicos, creando condiciones más estables para afrontar plagas, enfermedades y fenómenos meteorológicos extremos. La clave reside en la unión entre la estrategia agronómica y la aplicación eficiente de tecnologías que transforman la vida cotidiana en el campo.
Según Embrapa, en 2024, el 64% de los productores brasileños utilizaron biofertilizantes y el 61% aplicó biodefensivos, superando las tasas de Europa (33% y 25%) y México (46% y 22%). La siembra directa se adopta en el 83% de las propiedades, el control biológico en el 55% y los sistemas integrados en el 29%. Un avance importante en este escenario fue la regulación aprobada a finales del año pasado, que permitió la producción de bioinsumos en las propias fincas. Esta medida, conocida como el modelo "en finca", amplió el acceso, redujo los costos y fomentó la adopción de prácticas más sostenibles.
Con la consolidación de esta mentalidad en el campo, las soluciones tecnológicas han evolucionado para adaptarse a la nueva realidad. Las sembradoras John Deere de las series 1200 y 3100, por ejemplo, vienen de fábrica equipadas para aplicar inóculos directamente en el surco, optimizando así el tiempo y los insumos. El pulverizador 230M ofrece precisión en la aplicación localizada, mientras que la tecnología See & Spray™ Select utiliza visión artificial para identificar malezas y dirigir el herbicida solo donde se necesita. Este es un uso práctico e inteligente de los recursos disponibles, que contribuye a la sostenibilidad sin comprometer la productividad.
Los sistemas integrados también desempeñan un papel fundamental en este proceso. La integración agrícola-ganadera-forestal, por ejemplo, combina la producción diversificada con la recuperación ambiental, promoviendo la regeneración del suelo y contribuyendo a la reducción de las emisiones de carbono. Se trata de un enfoque que combina la eficiencia económica con beneficios ambientales duraderos.
Todo este progreso es impulsado por profesionales comprometidos con la transformación de la agricultura. La ingeniera agrónoma Mariangela Hungria, de Embrapa Soja, representa este esfuerzo. Recientemente galardonada con el Premio Mundial de la Alimentación, su trabajo ha sido reconocido por el desarrollo de bioinsumos que fortalecen la sostenibilidad de la producción agrícola en varios países sudamericanos.
La agricultura regenerativa ya no es solo una propuesta. Es una práctica que genera resultados concretos e inspira nuevas formas de agricultura. Producir respetando los ciclos naturales, cuidando el suelo, las personas y el planeta es más que posible. Es el camino hacia un futuro más equilibrado, productivo y vibrante.
por Bruno Gherardi, Agrónomo de John Deere para América Latina
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