La fertirrigación aumenta la productividad del café
Por Vinícius Giroto, especialista agrónomo en café de Yara Brasil
El agronegocio juega un papel fundamental en la economía brasileña. En los primeros nueve meses de 2024, el sector representó R$ 2,50 billones del PIB (Producto Interno Bruto), equivalente al 26,6% del total, según la Confederación Brasileña de Agricultura y Ganadería (CNA). El país es uno de los mayores exportadores de carne de res, soja y pollo, además de ser uno de los principales proveedores de café y azúcar. Según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), somos responsables de alrededor del 10% de la producción mundial de alimentos.
El año pasado, el sector enfrentó desafíos que impactaron directamente en la cosecha 2023/24. Entre los principales factores que contribuyeron a esta caída están la volatilidad y la reducción de precios, además de las condiciones climáticas adversas.
Para 2025, el escenario luce más prometedor, con expectativas de recuperación de la productividad y tasas de exportación, similares al desempeño de 2023, alcanzando los 326 millones de toneladas de granos. La CNA proyecta un crecimiento del 5% en el PIB del sector. En el caso de la soja, se espera que las exportaciones aumenten casi un 8% en comparación con la cosecha anterior, mientras que la producción de la oleaginosa podría llegar a 166 millones de toneladas, según la Conab.
A esta mejora contribuyen algunos factores como la llegada del fenómeno de La Niña, que debería favorecer a cultivos como la soja y el maíz, y un escenario de precios más estables. Sin embargo, las variaciones climáticas aún plantean un desafío. Además, la cosecha excelente esperada requerirá atención a la logística y al almacenamiento, así como adaptación a nuevos requisitos regulatorios.
El algodón también debería mostrar buenos resultados en 2025. Las estimaciones de la CONAB muestran un aumento de 3,70 a 3,76 millones de toneladas de producción de fibra.
El escenario global seguirá exigiendo mayor eficiencia, sostenibilidad e innovación, impulsando la transformación del sector y reforzando a Brasil como uno de los principales proveedores de alimentos, fibras y energía. Para mantener esta posición, la innovación tecnológica seguirá siendo un diferenciador competitivo, permitiendo ganancias significativas en productividad. El uso de drones y aviones autónomos, por ejemplo, proporcionará una mayor precisión en la aplicación de pesticidas biológicos. El mapeo de plagas, enfermedades y fertilidad del suelo será esencial para los agricultores que buscan maximizar sus resultados.
La sostenibilidad también se consolida como un pilar estratégico. A medida que los mercados internacionales prestan cada vez más atención a la agenda ambiental, social y de gobernanza (ESG), las cadenas de producción deberán alinearse con las políticas globales y adoptar prácticas agrícolas regenerativas consistentes. Además, cobran relevancia la trazabilidad y la transparencia de la información, así como las iniciativas de reducción de emisiones de carbono y la economía circular.
Por último, es esencial monitorear de cerca los desafíos logísticos y climáticos, invirtiendo en planificación, infraestructura y gestión de riesgos para mitigar los impactos en la producción. La tecnología y la eficiencia serán esenciales para garantizar la previsibilidad y la seguridad en el sector.
Ante este escenario, 2025 será un año de retos y oportunidades. Brasil tiene el potencial para reafirmar su papel de liderazgo en la producción y exportación de granos. Aquellos que saben innovar y adaptarse a la adversidad estarán mejor preparados para prosperar.
por Aurelio Pavinato, Director General de SLC Agrícola
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