Treinta años de resistencia al glifosato.
Por Ricardo Alcántara-de la Cruz, UFV
Durante décadas, los tractores fueron vistos únicamente como máquinas de fuerza bruta en el campo. Sin embargo, hoy en día se han transformado en auténticas plataformas tecnológicas capaces de integrar productividad, eficiencia operativa, sostenibilidad y gestión de datos en una sola operación.
La evolución de los tractores fue paralela a la transformación de la agricultura. A finales del siglo XIX, los primeros modelos a vapor eran enormes, pesados e ineficientes. Su uso se limitaba a las grandes explotaciones agrícolas debido a su elevado consumo energético y a las dificultades operativas.
A principios del siglo XX, la llegada de los motores de combustión interna supuso un cambio significativo. Los equipos se volvieron más compactos, accesibles y eficientes, lo que amplió el acceso a la mecanización agrícola. Paralelamente, la popularización de los motores diésel estableció un nuevo nivel de potencia, fiabilidad y durabilidad, permitiendo operaciones más intensivas y una mayor productividad en el campo.
Otro hito importante se produjo con el desarrollo del sistema de enganche de tres puntos, creado por el ingeniero irlandés Harry Ferguson, una tecnología que revolucionó la interacción entre los tractores y los implementos agrícolas y allanó el camino para operaciones más eficientes y versátiles.
A lo largo de las décadas, la evolución ha dejado de centrarse únicamente en la potencia para incorporar factores como la comodidad, la seguridad y la ergonomía. Las cabinas cerradas, el aire acondicionado, el aislamiento acústico y los sistemas hidráulicos más eficientes han transformado por completo la experiencia del operario, especialmente durante las largas jornadas laborales.
Más recientemente, la agricultura de precisión ha impulsado una nueva revolución. El GPS, los sensores, los ordenadores de a bordo y la conectividad han transformado los tractores en equipos capaces de realizar operaciones con una precisión extremadamente alta, reduciendo el desperdicio y aumentando la eficiencia operativa.
Actualmente, tecnologías como el piloto automático, la gestión inteligente de maniobras, el control automatizado de implementos, la telemetría y la monitorización remota forman parte de la rutina diaria de muchos agricultores. Además de aumentar la productividad, estas soluciones contribuyen directamente a reducir los costes operativos y el impacto ambiental.
Los beneficios son prácticamente evidentes en las operaciones agrícolas cotidianas. Los sistemas de transmisión inteligentes, por ejemplo, ajustan automáticamente la velocidad del motor según la carga requerida, manteniendo una velocidad de trabajo constante con menor consumo de combustible y menor desgaste de los componentes.
De igual modo, las soluciones automatizadas para el manejo y control de implementos ayudan a reducir el tiempo de operación, aumentar la eficiencia en las cabeceras y disminuir la compactación del suelo. El operador puede trabajar con mayor precisión, comodidad y seguridad, manteniendo la concentración total en la tarea.
La conectividad también se ha convertido en un elemento clave en este sector. Las plataformas digitales permiten planificar actividades, enviar órdenes de trabajo directamente a las máquinas, supervisar la ejecución prácticamente en tiempo real y analizar los indicadores de rendimiento de toda la explotación agrícola. Este avance tecnológico está directamente relacionado con las principales exigencias del agricultor moderno: aumentar la producción, reducir costes y lograr una actividad más sostenible.
En la práctica, los resultados son significativos. En las operaciones de siembra, las tecnologías integradas pueden reducir el desperdicio de semillas y fertilizantes, optimizar el consumo de combustible y disminuir los costos de mantenimiento y mano de obra. Además, las características que mejoran la calidad de la siembra, como el control de profundidad, la siembra individual de semillas y la reducción del solapamiento, contribuyen a una mayor uniformidad del cultivo y a una mayor productividad.
El futuro apunta a máquinas aún más inteligentes. La inteligencia artificial, los sensores avanzados, la automatización, la autonomía operativa y los combustibles alternativos, como el etanol, el biodiésel, el biometano y las soluciones eléctricas, deberían acelerar una nueva transformación en la agricultura.
*Por Lucas ZanettiGerente de Marketing de Producto en Massey Ferguson
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Por Ricardo Alcántara-de la Cruz, UFV
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