Algodón y plástico en la batalla por una moda más sostenible.

Por Fernando Prudente, Director Ejecutivo de Algodón en Bayer

07.04.2026 | 15:09 (UTC -3)

La producción y el consumo de ropa son el eje del debate medioambiental. Si bien la ropa se ha abaratado en las últimas décadas, impulsada por movimientos como la moda rápida, la industria ha incrementado el uso de materiales sintéticos derivados del petróleo en su producción. Los tejidos plásticos, como el poliéster, han ganado terreno en las tiendas debido a sus menores costes de producción. Sin embargo, las consecuencias van más allá del vestuario y la economía, ya que la contaminación por plásticos representa un grave problema para el planeta, con repercusiones en los ecosistemas, el clima y la salud. 

Según la ONU, el mundo produce más de 400 millones de toneladas de plástico al año, y un tercio se utiliza solo una vez. A esto se suma un factor delicado para el sector textil: ya se han detectado microplásticos en el agua, el aire y los alimentos, y la ropa sintética contribuye a esta situación al liberar microfibras de plástico durante su uso y lavado, las cuales pueden atravesar los sistemas de tratamiento y llegar a lagos, ríos y océanos. En otras palabras, el problema no se limita a la eliminación; acompaña a la prenda durante todo su ciclo de vida. 

Promover el uso de fibras naturales es una estrategia a largo plazo para la salud del planeta. Entre las ventajas del algodón destaca su composición. Esta fibra se compone de aproximadamente un 90 % de celulosa, un polímero natural presente en las paredes celulares de las plantas y biodegradable gracias a su constitución química. Esto no significa que una prenda confeccionada con fibras naturales se degrade rápidamente. En condiciones ambientales, la degradación suele producirse con el tiempo, influenciada por diversos factores como el clima, la humedad, la temperatura, la composición del suelo y la propia confección del tejido. Si bien la velocidad de este proceso varía, la diferencia entre una fibra de origen vegetal y una de origen fósil es crucial para reducir los impactos ambientales persistentes y acumulativos. 

Sin embargo, el debate no se limita a la fibra. En la confección de prendas, las etiquetas y adhesivos de plástico pueden aumentar la persistencia de los residuos y, con el tiempo, fragmentarse en partículas más pequeñas en el medio ambiente. Si bien los adornos y componentes metálicos no generan microplásticos, también pueden dificultar el reciclaje y requieren ser retirados antes de que la tela pueda reutilizarse. Esto refuerza la idea de que el debate sobre la sostenibilidad en la moda no debe limitarse al tipo de fibra, sino que también debe abarcar las decisiones de diseño, la estandarización de materiales y la eliminación responsable. Aun así, el uso de una materia prima biodegradable, como el algodón, reconocido por la comodidad y transpirabilidad que ofrece en el uso diario, representa un paso significativo hacia una economía circular, especialmente cuando se combina con una mayor durabilidad, la reutilización, la logística inversa y el reciclaje. 

El enfoque del ciclo de vida de la ropa se integra en los debates en torno al Día Internacional del Desperdicio Cero, que se celebra el 30 de marzo. Esta fecha fue establecida por la Asamblea General de las Naciones Unidas en colaboración con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y el Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (ONU-Hábitat). El objetivo es sensibilizar sobre la gestión de residuos, el consumo y la producción responsables, fomentando una perspectiva integral para reducir el uso de recursos y las emisiones en todas las etapas de un producto. 

El algodón brasileño tiene un gran potencial para contribuir a este movimiento, tanto en términos de escala como de sostenibilidad. Según la Compañía Nacional de Abastecimiento (Conab), la producción de fibra de algodón en la cosecha 2025/26 se estima en 3,8 millones de toneladas. Brasil se mantiene como líder mundial en exportaciones de fibra de algodón en el ciclo 2024/2025 y conserva una posición destacada para esta temporada. Según datos del sector, más del 90% de la producción nacional se cultiva bajo secano, es decir, depende del agua de lluvia, aunque en algunas regiones se utiliza el riego. Este modelo contribuye al uso eficiente de los recursos hídricos en la producción de fibra en el país. 

La sostenibilidad del algodón no se mide únicamente por la fibra en sí, sino también por su proceso de producción y la medición de sus impactos. En noviembre de 2024, los productores de algodón brasileños midieron, por primera vez, la huella de carbono del algodón utilizando datos primarios de campo mediante la calculadora Footprint PRO Carbon, desarrollada para el sistema agrícola brasileño en cooperación técnica entre Bayer y Embrapa. Con datos primarios de los productores, la huella de carbono del algodón fue de 811 kg CO2e/t, con una reducción potencial de más del 30 %. Además de crear un referente nacional para el cultivo, la medición realizada con la plataforma PRO Carbon indica dónde se producen las emisiones y orienta los ajustes de gestión para reducirlas, respetando las particularidades regionales y apoyando decisiones más eficientes a lo largo de toda la cadena de suministro. 

Para ampliar el uso del algodón en la industria textil y el mercado, este tema también se relaciona con iniciativas que acercan el sector al consumidor. El movimiento "Sou de Algodão" (Soy Algodón) de la Asociación Brasileña de Productores de Algodón (Abrapa) promueve el consumo consciente y valora las materias primas brasileñas al integrar diferentes eslabones de la cadena textil y fomentar prendas con al menos un 70% de fibra natural en su composición. La iniciativa opera con criterios socioambientales y transparencia en el recorrido de la prenda para valorar la producción responsable. 

La conexión entre productores y consumidores forma parte de la respuesta que el sector puede ofrecer a la crisis mundial del plástico. El debate sobre fibras naturales frente a sintéticas no busca simplificar un problema complejo, sino cómo responder a una crisis real con decisiones responsables. Si el planeta necesita soluciones para la contaminación y el exceso de residuos, es lógico que la moda acelere la transición hacia fibras renovables, biodegradables y producidas de forma responsable. El algodón brasileño, vinculado a iniciativas y esfuerzos pioneros en la medición del clima en este ámbito, tiene un papel fundamental que desempeñar en esta agenda.

*Por Fernando Prudente, director ejecutivo de Algodón en Bayer

Compartir

Newsletter Cultivar

Reciba las últimas noticias sobre agricultura en su correo electrónico

acceder al grupo de whatsapp