Cultivos forrajeros: la inversión más estratégica para la agricultura moderna.
Por Marcelo Ayres Carvalho, Embrapa Cerrados
Las recientes incertidumbres en el mercado mundial de fertilizantes, exacerbadas por conflictos geopolíticos y desafíos logísticos internacionales, han llevado a los productores a buscar alternativas capaces de aumentar la eficiencia del sistema de producción. En este contexto, el yeso agrícola se destaca como un insumo estratégico para mejorar la utilización de nutrientes, la estructura del suelo y el aumento de la resiliencia de los cultivos ante los desafíos climáticos.
El yeso agrícola, ampliamente utilizado en el manejo de la fertilidad del suelo, actúa principalmente en las capas subsuperficiales, reduciendo la toxicidad del aluminio y aumentando la disponibilidad de calcio y azufre en profundidad. Este proceso promueve el crecimiento de las raíces, permitiéndoles explorar un mayor volumen de suelo en busca de agua y nutrientes. Como resultado, se logra una mayor eficiencia en el uso del agua, un mejor desempeño fisiológico de las plantas y una mayor estabilidad productiva, especialmente durante períodos de déficit hídrico.
Este debate cobra aún mayor relevancia dado que Brasil es uno de los mayores consumidores de fertilizantes del mundo y sigue dependiendo de la importación de nutrientes y materias primas estratégicas. Las fluctuaciones de precios, las limitaciones de suministro y las tensiones internacionales refuerzan la importancia de invertir no solo en el acceso a insumos, sino también en tecnologías que aumenten el rendimiento agronómico de cada tonelada aplicada en el campo.
Aunque los productores no controlan las fluctuaciones del mercado internacional, pueden adoptar prácticas que reduzcan la vulnerabilidad de su producción. Entre ellas se encuentra la mejora de las condiciones químicas del suelo, que destaca por optimizar el uso de fertilizantes, promover el desarrollo radicular y aumentar la resiliencia de los cultivos durante periodos de estrés hídrico. Estudios realizados por la Universidad de Brasilia y Embrapa Cerrados en zonas de cultivo de caña de azúcar demostraron que la aplicación de yeso agrícola resultó en un incremento de 12,3 toneladas por hectárea en el carbono orgánico del suelo, lo que corresponde a un incremento promedio del 6,6 % en la capa de 0 a 200 centímetros. Durante 87 meses de cultivo, se registró una tasa de acumulación de carbono de 1,76 toneladas por hectárea por año. Estos resultados indican que la mejora de las condiciones del subsuelo estimula el crecimiento radicular, promueve la acumulación de materia orgánica y contribuye a mantener la calidad del suelo.
Las mejoras también se observan de forma consistente en la productividad de los cultivos. En Goiás, los campos de demostración gestionados por Mosaic evaluaron el efecto residual de la aplicación de un promedio de 1,3 toneladas por hectárea de yeso agrícola antes de la siembra de soja sobre el segundo cultivo de maíz sembrado posteriormente. El resultado fue un incremento promedio de 10,3 sacos por hectárea, elevando la productividad de 118,1 a 128,4 sacos por hectárea, lo que representa un aumento de aproximadamente el 9 %.
Otros análisis corroboran estos resultados. En la soja, el uso de yeso agrícola puede aumentar la productividad hasta un 12 % en condiciones de déficit hídrico y un 4,5 % en condiciones normales. En el maíz, los incrementos pueden alcanzar el 14 % en ambientes con escasez de agua y el 7 % en condiciones normales, lo que subraya su papel en la mitigación de los efectos del estrés climático y en una mayor estabilidad del cultivo.
Además de aportar calcio y azufre, nutrientes esenciales para el desarrollo de las plantas, el yeso agrícola complementa la acción de la caliza al actuar sobre las capas más profundas del suelo. De esta forma, corrige las limitaciones que suelen restringir el crecimiento de las raíces y reducir la eficacia de los fertilizantes aplicados en la superficie.
En la caña de azúcar, los beneficios tienden a acumularse a lo largo de los ciclos de producción. La aplicación de yeso proporciona incrementos de productividad promedio del 10 % en la caña de siembra, 19 % en el primer rebrote, 20 % en el segundo y 21 % en el tercero. Este rendimiento se asocia con mejores condiciones químicas entre los 20 y 100 centímetros de profundidad, con menor toxicidad por aluminio y mayor disponibilidad de calcio, magnesio y azufre, lo que favorece un sistema radicular más profundo y eficiente.
En un escenario marcado por la incertidumbre en el suministro mundial de fertilizantes y la creciente incidencia de fenómenos meteorológicos extremos, invertir en soluciones que fortalezcan la eficiencia y la resiliencia de los sistemas de producción ha dejado de ser una ventaja competitiva para convertirse en una necesidad. En este contexto, el yeso agrícola reafirma su papel como un importante aliado del productor, contribuyendo a un uso más eficiente de los insumos, al aumento de la productividad y a la construcción de una agricultura cada vez más sostenible, preparada para los desafíos del presente y del futuro.
* Por Luis Arruda, Director de Marketing y Experiencia del Cliente en Mosaic
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